Palenque, Chiapas

He ido a Palenque varias veces, y cada vez que voy veo algo diferente.  Ya tenía mucho tiempo que no iba a la ciudad Palenque como tal (no me refiero a las ruinas), debo admitir que me ha sorprendido. Lo recordaba como un lugar sin sal, pero ha cambiado y ahora tiene mucha vida.

SelvaPero en fin… las ruinas de Palenque están a unos quince minutos de la ciudad en carro. A unos cuarenta caminando, y debo admitir que aunque todas las veces he ido en auto, se antoja pararte a caminar (cuando el calor no está tan sofocante), es un pequeño camino de asfalto rodeado por árboles altos que dan una sombra placentera. Hay dos entradas, la principal es la que está más cerca de las ruinas. Yo prefiero la otra entrada, porque aunque caminas más, vale totalmente la pena. Sientes que entras a otro mundo, a otra era y si tienes mucha suerte no habrán muchos turistas y te sentirás solo en medio de una selva bestial que te abraza. Después de caminar, logras vislumbrar las ruinas atrás de una cortina de hojas. Llegas y la ves; la ciudad Maya.

Palenque
Palenque

Hay un palacio, un acueducto, templos y muchas escaleras. Casi en el fondo, un poco retirado de los templos principales, en un pequeño cerro hay un grupo más de templos. Y no puedes ir a esta ciudad maya sin subir ahí, porque es allí donde tendrás la mejor vista y la mejor sensación. Cuando subí el Templo de la Cruz, le di la vuelta, le di la espalda y me senté un momento. Lo que tienes frente a ti es la selva, no hay más pues no necesitas más. Escuchas al viento susurrar y los chillidos de los monos a lo lejos. Quedarse ahí, sentado, viendo como unas personitas se mueven bajo de ti, bajo de esa pirámide que tiene más años que tú, tu padre y tu abuelo juntos, como esas personitas toman fotos y observan lo que tú estás viendo pero con otra perspectiva. Escuchar, observar y oler.

El olor en Palenque es diferente, tal vez sea porque la mayoría de las veces que he ido me ha tocado con una lluvia ligera que no te enfría, ni te asusta y hace que te resguardes. Te refresca. Una lluvia amiguera que hace que todo se sienta más fresco, hasta el olor.

Nahual
Nahual

Una vez me tocó ir durante la llegada de primavera, es ahí donde todos van de blanco a llenarse de energías. Yo fui de rosa mexicano. Siempre que voy me digo a mi misma que no compraré nada. Pero siempre termino comprando un collar. Este collar es especial. Lo venden muchos niños en las ruinas. Los niños te siguen preguntándote el día en que naciste. Por que así sabrán cuál es tu Nahual (algo así como tu elemento), y te venderá un collar con el símbolo de éste. No cuesta mucho, diez pesos máximo. Al final siempre lo compro, aunque sé que lo más seguro es que no me lo pondré. Pero es un bonito recuerdo. Un collar de tu elemento.

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