El por qué Corea del Sur… y mi llegada con escalas.

Pues bien, ya he hablado un poco de México y sé que me faltan  por mencionar algunos lugares de los que he visitado, pero eso lo haré más adelante porque ahora sólo pienso en un país tan distinto del mio. En el que perdiéndome en él descubrí un poco de mí. Es el momento de hablar de Corea del Sur.

¿Cómo demonios fui a parar en Corea del Sur? Hace tres años no sabía absolutamente nada de este país, tenía una vaga idea de lo que era, de su guerra, de su gente, de su lucha. Una idea tan vaga que era casi nula. A principios de febrero del 2011 debía decidir a que universidad aplicar para mi intercambio escolar, yo -como casi todos- quería Europa. Quería vivir eso de viajar a otro país por tierra en minutos, con amigos. Lo que pasa es que cuando tuve la oportunidad de ir a Europa era una puberta estúpida que no comprendía nada y no lo aprecié como sé lo apreciaría ahora a mis veintitantos… Y quería eso, caminar por esas calles con nieve y edificios tan viejos como hermosos, quería vivir el tan famoso Erasmus. Quería Francia para practicar mi pobre francés, pero no había opciones y todo se me cerraba. Decidí luego por Bélgica y de nuevo esta opción no era opción. Busqué en un mapa y taché los países que no quería. No a países que hablaran español o inglés. Demasiado fácil pensé. ¿Y qué me quedaba? Corea del Sur. Cuando vi que este país era prácticamente mi única salida a lo que yo quería y lo que se podía dar, me pregunté ¿Cómo es Corea del Sur? ¿Será? Y sí fue. Y el tiempo que viví allí y la gente que conocí no la cambiaría por nada.

En mayo me llegó la carta de aceptación de Chung Ang University y fue ahí cuando me cayó el veinte. Iría a Seúl. No, mejor… viviría en Seúl. Estuve los dos meses esperando mi partida y arreglando papeles y visas. Estaba entusiasmada. La gente me preguntaba que si tenía miedo, yo les contestaba que no, que lo que sentía era emoción, que ya quería llegar.

Y mi ruta para llegar allí fue con demasiadas escalas para así ahorrarme unos pesos. Compré el boleto de la Ciudad de México a Los Angeles y compré otro de Los Angeles a Seúl con escala en San Francisco. En fin… ya había viajado sola, pero sólo dentro de México y en carro o autobús. Entonces fue así como con una backpack, una maleta de ruedas, una mochilera y una pequeña bolsa colgada en mi hombro con mi documentación tomé el avión que salía de la Ciudad de México y paraba en Los Angeles. Llegó como a la una de la madrugada y mi otro avión salía a las seis/siete de la mañana, lo que significaba que debía pasar la noche en el aeropuerto. Cuando compré los boletos dije: Son seis horas de espera ¡Que importa! Pues me arrepentí en el momento en el que salí por esa puerta y vi lo que me esperaba. Yo creí que todo estaría en movimiento y eso haría que el tiempo fuera más rápido, pero estaba muy equivocaba. Estaba oscuro y no había casi nada abierto, luego tenía que tener mis cosas bien vigiladas por si acaso. Compré una hamburguesa en McDonald’s y me senté a comer sola y sin quitarle los ojos a mis maletas. Después decidí que debía dormir un poco. Hice un círculo con mis cosas y me recosté en la mochilera, ésta la até a la maleta, abracé la backpack y tenía la bolsa pequeña puesta. ¿Paranoica? Un poco. Traté de dormir, por supuesto no lo hice. Sentía mucho frío y todo estaba tan oscuro y tan callado que sentí un poco de miedo. Ahora que lo pienso, sé que ese miedo no era sólo por estar sola en un aeropuerto con gente extraña durmiendo junto a mi, era el hecho de que estaba a unas horas de llegar a ese país desconocido y de en cierto modo probarme a mi misma. Y me dio miedo. Miedo a no aguantar. En ese momento no sabía que cinco meses después Corea sería una de las mejores decisiones de mi vida.

Amaneció y yo ya estaba formada en la sala de espera, sólo quería subir a ese avión con destino a San Francisco y que ya esa travesía de aeropuertos acabara. Que extraño, a mi siempre me han gustado los aeropuertos… pero en ese entonces yo solamente quería llegar. Otras dos horas de espera, quería comer pero no tenía hambre… compré algo para que pasar el tiempo y entonces hora de abordar, hora de dormir. Doce horas de San Francisco a Seúl. No las sufrí.

Para el viaje llevé una libreta en la que escribiría todo. Sólo llegué a escribir tres hojas. Ahora me arrepiento. Pero esto es lo que puse en esa libreta durante el trayecto…

25 de agosto 2011

-Estoy escribiendo desde el avión de México-Los Angeles. El despegue estuvo feo porque estaba lloviendo un poco. Mientras avanzaba despacio las ventanas tenían goteando agua de lluvia y sentí nostalgia al recordar a mis padres, mi madrina y mis tíos. Todavía no siento que esté yendo a algún lugar. Veo hacia abajo y veo luces de alguna ciudad sin nombre pero no siento nada, me sigo sintiendo en casa.

-Empecé a leer “Sputnik, mi amor” de Murakami, hasta ahora me ha gustado. El vuelo se demoró, debí salir a las 7:55pm y salí a las 9 pm. Al parecer llegaré a la una de la madrugada. Hoy no dormiré mucho.

-En estos momentos me encuentro más cerca de las estrellas y estoy escuchando “Wish you were here” cover versión Bossa Nova.

-¡Esto es un desastre! mi maleta gris (nueva) se descosió y luego el aeropuerto no es como en las películas que todo está padre y demás. No, aquí todo está cerrado y ¡No hay internet! No hay manera de comunicarme con mis papás, me van a matar.

-Estoy sola, tengo sueño y hace frío. Faltan cinco horas treinta minutos para que el otro avión despegue. Compré una hamburguesa en McDonald’s por ¡siete dólares!  (Me ardí).

-Llevo tres horas y media. He dormido a lo mucho quince minutos y me quiere doler la cabeza.

-Ya llegué a San Francisco. Ya me conecté a internet por un rato y mandé un mail a mis papás. Desayuné y compré mi diccionario coreano y mi guía turística de Corea (que no encontré en México). Desayuné en un restaurante del aeropuerto. Estaba rico pero caro (¡17 dólares!). Fui al baño a cambiarme de playera por que la otra ya quería oler feo y me pasé toallitas húmedas por el cuerpo.

-Estoy leyendo la guía turística. Todavía no siento que voy a Corea, pienso que esto es un sueño y que yo ni siquiera existo.

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