Corea del Sur… MIS primeras impresiones.

Creo que fue el 27 de agosto el día en que el avión aterrizó en el aeropuerto de Incheon, Corea del Sur. La primera vez que pisé ese aeropuerto y crucé por migración. En ese entonces no sabía que volvería a cruzar por ahí varias veces más, en mis otras llegadas… En fin, llegué y los nervios ya no estaban, tampoco el miedo, ahora había una emoción, unos cuantos WOWS y claro un cansancio desbordante por el mal dormir de todas esas escalas, pero yo no quería cerrar los ojos, quería ver todo.

Mi amigo David me recibió en el aeropuerto, tenía poco más de un año sin verlo. A él lo conocí en Querétaro cuando se fue a estudiar allá por un semestre. Es un chavo algo curioso y una de las personas más agradables que he conocido. Se fue a vivir a Corea para enseñar inglés y fue quien me explicó del país en mis primeros días de estar ahí. Si no fuera por él tal vez mi llegada hubiera sido completamente diferente. Tal vez sí hubiera tenido más nervios, más miedo. Pero no, él fue mi México en un país diferente, mi lazo y creo yo que eso fue lo que me mantuvo a flote. Aunque Corea es muy diferente, el primer día seguía creyendo que estaba a pocas horas de mi casa. Así, nada más visitando a un amigo.

Salimos del aeropuerto y esperamos el camión que nos llevaría a Suwon (la ciudad dónde él vivía). Mientras esperábamos yo seguía vigilando las maletas, David me dijo “ya no estás en México”. Llegó el camión y aunque tenía mucho sueño trataba de ver cosas y él me explicaba lo que yo veía. “¿Ves como no hay mucho verde? Acá casi no hay tierra. Es un país pequeño. Casi todo es edificios, no hay muchas casas y el país crece por arriba y por abajo. La guerra. K-pop. Comida. Esto, el otro”. Sí, David fue mi Lonely Planet, mi google. No necesité investigar nada antes, él me lo dijo todo. La versión del país desde su punto de vista. Una versión que más adelante yo entendería.

Llegamos a Suwon y caminamos un poco hasta su estudio. Los espacios en Corea del Sur son reducidos, su estudio era sólo un rectángulo pequeño en donde estaba una cocina chica, un baño con regadera, una cama y un escritorio. Nada fuera de otro mundo pero bastante bien para una persona. Lo primero que hice fue tomar un merecido regaderazo. Y listo, ya limpia y nueva salí a explorar. Ya era de noche, pero eso no quita que siga habiendo mucha luz. Luces, luces y más luces por todos lados. Es un país adornado con luces. Fuimos a cenar a K-mart, que es un supermercado. Probé noodles fríos con chopstick y tijeras. Utensilios básicos en la comida coreana. Meh, pensé. Desde un comienzo sabía que lo que se me dificultaría sería la comida. Luego caminamos un poco y hablamos de todo. De Querétaro, de Corea, su vida… Nos poníamos al día. Después pasamos junto a una tienda que estaba cerrada y fuera tenía (sin cadenas ni nada) unos jarrones de barro enormes. “Esos se usan para hacer Kimchi” En ese momento me importó muy poco ese dato… “Ya no estás en México” recordé lo que me dijo David. Sí, una de las tantas cosas que extraño de allá es esa seguridad. “Es una cuestión de respeto” me dijo. “Aquí no roban”.

Y sí… esas fueron mis primeras horas en Corea del Sur.

Noodles

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