Travesía para llegar a Auschwitz

Me desperté demasiado temprano para poder llegar a Ostrava y poder tomar el tren. Al final tuvimos que esperar cinco horas en la estación hasta que dieran las once y el tren llegara. Dormimos un poco, comimos otro y al final llegó. Nos montamos en él con la espera de descansar un poco. Fue hasta ese momento en donde nuestro viaje a dúo comenzaba. Y que pésimo día para comenzar; no se sentía motivación alguna. De repente leyendo el boleto del tren nos dimos cuenta que éste tenía una parada en Katowice y ahí nos bajamos. Tratamos de decifrar por nuestra cuenta como le teníamos que hacer para llegar a nuestro destino final: Auschwitz, pero no pudimos. Le preguntamos a un joven y él tampoco sabía. Como no teníamos ni idea de donde estábamos se lo preguntamos… Respondió “Katowice” entonces le preguntamos si estábamos en Polonia. Se rió y dijo que sí. Le preguntamos a un policía como podíamos llegar a donde teníamos que ir para tomar el tren a Auschwitz y nos indicó el camino. Teníamos que salir de la estación caminar un poco y ahí encontraríamos el andén número cinco (peron 5). Estaba nublado, con llovizna y las calles (y mucho menos el andén cinco) de Katowice no es como que te dan una grata bienvenida. No era miedo pero definitivamente no teníamos emoción en seguir. Al final era lo único que pudimos hacer: seguir.
Tomamos el tren de una hora sin baños hasta Auschwitz ahí conocimos a una francesa llamada Lea que haría lo mismo que nosotras; primero el museo y después iría a Cracovia. Llegamos a la estación y lo primero que queríamos era ir al baño pero no teníamos zlotys ( el dinero en Polonia ) así que Lea y otra chica que nos vió tuvieron que prestarnos. Salimos de ahí y tomamos el bus al museo. El día estaba nublado, las calles encharcadas y el ambiente sombrío. Así nos recibió Auschwitz.

El museo es grande y hay mucha gente pero no lo sientes, ni sientes la multitud, estás demasiado atento a lo que ves, a lo que lees que no prestas atención de los que pasan. Execpto cuando vi a unas señores ya grandes llorando. Pero es que llorar o sentir pesar estando ahí es inevitable. Hay un cuarto con los cabellos de las judías, eso lo vendían para después hacer telas. Pero la cantidad te impresiona. Igual puedes ver los muchos objetos que dejaron los judíos y las fotos de algunos de ellos. Habían personas que llevaban rosas y las ponían en alguna foto o alguna vitrina… Entonces veías este cuarto oscuro y gris y un punto rojo que cobraba vida.


Fuimos a todos estos lugares, a las barracas y a las cámaras de gas, había gente que se tomaba foto como turista pero eran muy pocas, estando ahí no quieres tomarte una foto.
Salimos y tomamos un taxi a la estación de trenes, nos dimos cuenta que podíamos tomar un autobús hasta Cracovia así que eso hicimos. Una hora de camino o algo por el estilo , no recuerdo bien porque me dormí un rato. Llegamos a la estación y nos despedimos de Lea, le dijimos que la veríamos por la noche. Lo cual no hicimos porque decidimos descansar del día lleno de trenes, camiones y espera. El plan era ir a Budapest al día siguiente pero en la noche decidimos cancelar esto y quedarnos dos días más en Cracovia. De lo cual me alegro porque ha sido una ciudad que me ha gustado mucho y nos dio la oportunidad de ver y conocer a más personas. Pero eso será en otro post…

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