Cracovia es un must

Cracovia fue una ciudad que no esperaba me gustara tanto. Al principio nos recibió con oscuridad y lluvia que nos hizo pensar que tal vez no era una buena idea quedarnos ahí… Pero cuando el sol salió vimos que Cracovia tiene luz. Queríamos estar sólo una noche allí y seguir a Budapest pero al final tachamos Hungría de nuestra lista y nos quedamos en Polonia (para ahorrarnos dinero y no movernos de nuevo). Así que apartamos dos noches más en el panda hostel y salimos a caminar…En realidad a encontrar una lavandería porque necesitábamos con urgencia una. Y a planear nuestra movida. Ese día quedamos de vernos con Lea y su amigo en la plaza central y después a cenar con Sylwia. Así que caminamos desde el hotel hasta ahí y tomamos el trayecto en el que pudiéramos ver más. De pasada vimos el castillo y las calles movidas de la ciudad.

Esperamos un poco y vimos a Lea, su amigo nos llevó a un restaurante donde servían chocolate de tomar, pero no el chocolate típico si no el que es espeso. Tome una y senti que había tomado alcohol. Estaba mareada y con las mejillas rojas, Mari me dijo que ella sintió lo mismo. Vaya efecto del azúcar. Después nos despedimos y esperamos a Sylwia. Nos llevó a un restaurante polaco muy bueno. “very polish” decía ella. Y nos explicó más de la cultura polaca y sus tradiciones. Me gustó hablar con ella, se ve que ama su país. También pidió de comer comida “muy polaca” y todo estaba muy bueno. Salchicha, dumplings, y tortilla de papa. Cerveza artesanal polaca, tres distintas (como debe de ser) y dos postres. También nos dijo lo que podíamos hacer al día siguiente. Y lo que podíamos comer, así que ya habiendo dormido un poco nos levantamos siguiendo el plan de Sylwia. Primero una parada al castillo y a ver su dragón. Después seguimos caminando hasta la plaza central (de las más bonitas de todo el viaje; grande y con mucha luz). Pasamos por un parque con un túnel de árboles para llegar al barrio judío, comer un lody, cruzar el puente y llegar a la fábrica de Schindler (un buen museo). Terminamos en la plaza frente a nuestro hostal comimos un zapienkanka de Endzior y terminamos durmiendo a gusto y listas para un autobús de diez horas que tomaríamos al siguiente día con destino a Praga.

 

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