Costa Amálfica

Desde Eboli podía ver el mar y para mi sorpresa un domingo mis couchsurfers me llevaron a nadar (esto salió como rima sin querer). Fue como media hora para llegar a un parque en donde el mar está protegido (lo que significa que está limpio). Y bajamos a la playa rocosa para dejar las toallas y tomar el sol. Yo creí que estaríamos un ratito. Nadaríamos y listo. Pero fueron más de tres horas.

Al parecer… A los italianos les gusta el sol. Debí imaginármelo. Pero bueno, al menos pude nadar otra vez. Pude mover mis piernas y alejarme de la orilla y tratar de alcanzar Capri. Me metí al mar, me senté a tomar el sol, me metí al mar por segunda vez, me dormí boca abajo al sol, me metí al mar por tercera vez, me senté esperando secarme. Y al final me quemé la espalda. Pero valió la pena.

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