Sipi Falls

Decidimos salir de Jinja. Ahora con rumbo a Sipi Falls. Uno de los puntos turísticos de Uganda y a sólo cuatro horas moviéndonos por la carretera. Fuimos por una noche, no necesitamos más (ni teníamos dinero para ello), y desde el principio la locura marcó el camino. Caminamos hacia el taxi park para tomar el matatu que nos llevaría a Mbale, donde después tomaríamos una van hacia Sipi. Y al ver a siete mzungus caminando con mochila en la espalda todos los chóferes de los matatus se abalanzaron a nosotros a tratar de convencernos de tomar su vehículo. Nos agarraban de la mano, nos jalaban y los “mzungus” comenzamos a enojarnos. Así, con estas personas siguiéndonos y gritando, llegamos al taxi park y tomamos el matatu correcto. Nos cobraban 10000sh pero en Mbale pagamos 8000sh porque -la mayoría de las veces- se puede negociar. Ese trayecto dura tres horas. Después, ya en Mbale, tomamos otro por 9000sh hacia Sipi. Lo consideré demasiado caro pero debíamos llegar, así que nos callamos y pagamos. Llegamos a Crow’s nest, un hostal/campsite, en donde pasamos la noche y conseguimos una rebaja por ser voluntarios. Comimos ahí y esperamos para empezar el senderismo por las cascadas y la selva africana. Un grupo de siete se nos unió, en él había un mexicano bastante buena onda. Oír el “español mexicano” siempre  es bueno.

Las Sipi Falls son tres cascadas de diferentes tamaños, puedes escoger cuál ver según el precio. Nosotros decidimos hacer el más caro, 25000sh, y ver las tres cascadas. Lo que iba a ser una caminata/senderismo de cuatro horas terminó alargándose a seis y abrazándonos en la oscuridad. El sol se metió antes que nosotros.
En fin… comenzamos a caminar y desde el principio supe que sería un poco complicado, porque estaba muy empinado y lodoso. Bajamos despacio, con cuidado, a como pudimos. Veíamos la cascada, cada paso nos acercaba más. Y llegamos abajo, casi podíamos tocarla, la cascada nos refrescaba dándonos delicadamente un poco de su agua.


Seguimos el trayecto pero ahora de subida, lo cual aunque lo hacía más cansado pero era más estable. Menos resbaladizo. Llegamos a una cueva y recreamos el rey león. Luego, por fin terminamos de subir y pisamos la carretera, nos metimos a un hotel que se veía caro y por ahí emprendimos, de nuevo, la subida hacia la cascada mediana. Está nos rodeó y entramos en ella. Arriba, arriba, siempre hacia arriba. Llegamos a la punta y pudimos ver todo. Pude ver Uganda y pude ver África.

Creí que eso sería todo. Que allí bajaríamos y el recorrido terminaría. Pero, estaba muy equivocada. Con el sol persiguiéndonos y tocándonos los talones, continuamos caminando por entre plantaciones de café y después pasamos a estar rodeados de maíz.  En seis horas estuvimos en diferentes ambientes, olímos diferentes aromas, vimos diferentes paisajes y amámos todo. Absolutamente todo. Por fin, el sol nos ganó y quedamos a oscuras. Sin luz, más que de la propia Luna. Y caminamos viendo un cielo con diamantes y charlando de todo y nada. Caminando hasta llegar a nuestro hogar por una noche. Dispuestos a cenar, asearnos y dormir. Dormir siendo arrullados por la lluvia y la selva.


Despertamos temprano para ver el amanecer, ese que se abre por Africa y lo alcanza todo. Aquí, en Uganda el cielo se ve infinito. Como debe de ser pero casi nunca lo es. Tal vez sea por la pureza de su aire que hace que se vea más abierto. Tocado por Dios. Desayunamos viendo las Sipi Falls, tomé una buena ducha fría y partimos. De nuevo, hacia Jinja.

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