Mi experiencia con las 7 razones del porqué de viajar

En el post pasado escribí sobre una nota que da las siete razones por las cuáles uno debe viajar y dije hablaría de mis experiencias respecto a éstas.

1. VOLVER A SER NIÑO

No sé si está bien definido el hecho de “volver a ser niño otra vez.” Digo, en definitiva vivir o viajar en un lugar distinto te saca de tu órbita y por eso mismo no actuarás como lo haces generalmente. Sin embargo, el “actuar como niño” me inquieta. Si el autor se refiere a que cuando eres niño todo es nuevo y siempre encuentras algo sorprendente en lo más pequeño -e incluso banal- que veas, sí, eso te pasará viajando. Sólo por el simple hecho de que todo es nuevo. Tienes que salir y exponerte, tú no conoces el lugar, entonces debes hacer preguntas, perderte un poco y conocer gente, lugares y una cultura. Como estar en Corea del Sur y tener que aprender a usar los palillos para comer, o cuando monté un elefante. Para mí, todo eso era nuevo y brillante… Tal vez, sí, de una extraña manera te conviertes en un niño.

Elefante en Tailandia
Elefante en Tailandia

2. REDUCIR DRÁSTICAMENTE EL TIEMPO

Me ha pasado, sí, sobretodo cuando estoy más tiempo en ese lugar. Me pasó claramente mientras conducía una scooter en Tailandia. Debía cuidarme de no morir ni matar a mi prima pero las montañas llamaron mi atención y las volteé a ver detenidamente por tal vez un segundo para no perder pista de la carretera, y ese segundo… se me hizo eterno.

 3.DARLE PAUTA A UNA NUEVA PERSONALIDAD

Sí, la edad y los lugares me han enseñado que tengo múltiples personalidades aunque la esencia no cambia. En Uganda devoraba libros, suelo leer pero siempre me doy mi tiempo con un libro. No, allá trataba de succionarlo para poder seguir con otro. Era tranquila, me importaba más dar mi tiempo a los niños que a la cerveza y mi vida en Uganda fue muy relajada. En cambio, en Corea todo era soju y hongdae. Me gustaba estar rodeada de gente y en Uganda me gustaba estar conmigo misma. Eran diferentes circunstancias y con ello, diferentes yo. Igual cuando hablo inglés o francés hay algo en mi que se transforma. Cuando estaba en Italia me salía lo italiano. La cultura me contagiaba de pasión y alegría que empezaba a hablar con las manos y ansiar pasta y fútbol. Creo que todos deben de darse la oportunidad de conocer sus otras caras y viajando es la manera -creo yo- más fácil de hacerlo.

4. APRENDER A ESTAR SOLO.

Debo de admitir que aunque me guste viajar con amigos y adore viajar con mi hermana, siempre es bueno y reconfortante viajar por tu cuenta. He ido sola sola a Corea del Sur, Japón, Italia y Uganda. Y en las tres cuando sabía que estaría sola un sentimiento de liberación me llenaba. Pues es cuando estás sin nadie cuando realmente puedes hacer lo que quieres, moverte a donde te plazca y hacer y deshacer a tus anchas. Y aunque a veces da miedo, al poco tiempo se me quita porque descubro que sí puedo y que siempre habrá alguien para ayudarte (he corrido con la suerte). Cuando me quedé sola en Italia me fue más fácil moverme y conseguir couchsurf. Pude pensar y repensar mi vida y el camino que seguiría ahí mismo. No tenía que comentar nada del siguiente paso con nadie y todas las decisiones las tomas tú y nadie más. Te cuelgas tu mochila y sales, te pruebas. Y sólo encuentras satisfacción.

Sola en Pompeya
Sola en Pompeya

 5. DE SER MENOS MATERIAL

Sí, cada vez que viajo mi maleta va menos cargada. El primer viaje a Europa lo hice cuando era una pequeña puberta y tenía la cabeza en otras cosas. Recuerdo que llevé un sin fin de pares de zapatos, y cosas estúpidas que nunca usé. A Corea ya fui mejorando pero aún así me cargué de muchas cosas y terminé pagando por maleta extra a United para regresas a México. En Japón me lucí llevando sólo una mochila y una bolsita. A perú dije, ¡no más! empacaré lo necesario. Y así lo hice. Llevé sólo una backpack y una bolsa con mi cámara. No sufrí. Para Europa y Uganda, llevé una mochilera, una backpack, (dentro de ella mi cámara y su bolsa). Yo creí que llevaba muchas cosas pero ahora que lo pienso y después de ver a otros viajeros que empezaban su viaje y ya iban llenos cargando un peso magistral, me dije “pues, bueno… no estuvo tan mal”.  Porque, cuando viajas -como cuando estás en casa- no necesitas de mucho, sólo lo esencial.

 6. DESCANSAR DE TU VIDA

Antes de hacer el voluntariado en Uganda me veía trabajando para organizaciones no lucrativas, estudiando una maestría relacionado a ello y esa experiencia me hizo cambiar de rumbo. Y sólo me di cuenta al irme.

 7. EXPANDIR NUESTROS GUSTOS

No sé donde leí hace un tiempo que para decir que fuiste a un lugar debes por lo menos probar su comida. Yo creo lo mismo… en Malasia recorrimos las ciudades programando las horas de comida, en Perú comer cuyo y ceviche era un must, en República Checa el “gulash” y el lomo marinado fue mi adicción. Y por supuesto en México, mi México… me la vivo comiendo.

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