Buenos Aires, la llegada.

Llegamos a Buenos Aires el sábado por la noche y nos quedamos en el “hostal Fiesta” con un ruido insoportable y niñatas pidiendo cumbia. Mi hermana y yo solo queríamos dormir y así lo hicimos, escuchando música y niños ebrios hasta las ocho de la mañana. Cuando nos levantamos desayunamos algo en el hostal, ya que era gratis y mi motto en viajes (y casi siempre) es que si es gratis tú lo tomas. Era pan tostado con mermelada y dulce de leche, nada fuera de serie ni de un restaurante gourmet pero gratis es gratis y uno se lo traga. En fin, nos alistamos y dejamos las mochileras en el hostal, vendríamos por ellas después para ya encontrarnos con nuestros papás a las 4pm. Entonces teníamos toda la mañana y parte de la tarde para conocer un poco y familiarizarnos con Argentina.

Caminamos por la calle Florida, que es una calle abierta y muy turística en donde el mercado negro está en cada esquina. Hombres y mujeres gritando “cambio, cambio” mientras pasas. Ellos te cambian dólares a pesos argentinos a un mejor precio que a los de la casa de cambio. Nos hartamos un poco de esa zona y de tener a gente gritando en nuestros oídos y decidimos cambiar el rumbo. Así que caminamos un poco y pasamos junto al Obelisco.

Obelisco Buenos Aires
Obelisco Buenos Aires

Antes era una Iglesia que se tuvo que demoler al hacer la ahora avenida 9 de Julio; la más ancha de todo el mundo (necesitas más de dos semáforos en rojo para poder pasarla). Igual, fuimos a la plaza de Mayo, que es muy conocida pero que la gente sabe como echarla a perder, los monumentos están llenos de graffiti, mantas de protestas y una barda frente a la Casa Rosada que hacía que la plaza perdiera su encanto.

Plaza de Mayo
Plaza de Mayo

Caminamos y llegamos al hostal, para recoger nuestras cosas y caminar más para ver nuestros padres. Llegaron cinco minutos después de nosotras, mi papá tiene un tiempo compartido que ha sabido sacarle provecho, si no viajamos lo vende, entonces en Argentina, gracias a esto, no se pagó nada por hospedaje (la razón por la cuál nos animamos a ir). El hotel tiene en el último piso, la piscina y el gimnasio con vista a la ciudad. Así que nadamos un poco y en la noche fuimos a cenar cerca de la calle Florida. ERROR: los restaurantes en esa calle son caros y turísticos y generalmente sin comida de calidad. Nos arrepentimos muchísimo pero ya el daño estaba en nuestros estómagos.

Al día siguiente salimos tarde del hotel, y nos dirigimos -de nuevo- a la calle Florida, caminamos toda la calle, parando cuando no sabíamos por donde seguir o si a alguien le interesaba algo de una tienda o al oír el mejor cambio a dólares. Llegamos a un parque cerca de Recoleta y tomamos un tour de peatones gratis. Se llama Free Walking tours y fue bastante bueno. Mientras caminábamos nos contaba la historia de lo que veíamos. De las familias antiguas de la ciudad y sus edificios. La guía nos contó del conflicto por las Islas Maldivas mientras estábamos frente al memorial de los soldados que murieron durante esa batalla. Yo ni siquiera sabía de su historia y ahí estaba frente a este memorial viendo nombres de muertos y conociéndolos.

Memorial de soldados
Memorial a soldados

Vimos el “Big Ben” y también el pequeño parque que conmemora el ataque terrorista a la embajada de Israel y en el que hubieron muchos muertos. Se dice que el presidente de esa época tuvo algo que ver con eso porque no se hizo nada por aclarar y descubrir el culpable. Después pasamos la Avenida 9 de Julio (llamado así por ser el día de la Declaración de Independencia de Argentina) y llegamos a un parque pequeñito con una fuente que fue regalo de España y que es la réplica de la fuente que está en Las Ramblas en Barcelona y que según si bebes de su agua volverás a Buenos Aires, yo por si las dudas bebí del agua y llené mi botella con ella. Después de esto, pasamos por la embajada de Francia, que lamentablemente estaba en reconstrucción y no se podía apreciar bien. Caminamos un poco más junto con argentinos pudientes que pasaban junto a nosotros haciendo sus vidas y llegamos al cementerio de Recoleta que ya estaba cerrado, así que dijimos que debíamos volver.

Iglesia del Pilar en Recoleta
Iglesia del Pilar en Recoleta

Nos contaron la historia del cuerpo de Evita, ahora yace en ese lugar pero éste había sido robado y golpeado, para después enterrarla en Milán bajo otro nombre y catorce años después del robo volvió a Buenos Aires. Terminó el tour, pagamos la propina y fuimos a pie a nuestro hotel parándonos en un restaurante a cenar. Muy rico y nada caro, fue así como decidimos siempre comer en restaurantes más locales que turísticos.

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