Parapente en Bariloche: Sí o sí. (Bariloche parte 3 y un poco más)

Mis posts de Argentina han sido un fiasco, lo sé. He escrito por escribir y poner algo diariamente y no lo he disfrutado mientras lo hacía, lo copiaba de mi libreta y no de mi cabeza y han resultado ser como un diario estúpido de lo que hice en el momento sin sentimiento ni emociones. Pues bien, me faltan dos posts más de Argentina y esta vez escribiré con los recuerdos que están en mi cabeza y no escritos en una libreta. Sí o sí.

Esa expresión la escuché mucho durante el tiempo que estuve en Argentina. Sí o sí, una expresión muy popular. Me gusta la entonación que le ponen y lo serios que se ven cuando la dicen. Sí o sí. Me gusta. Y más con ese acento argentino que hace que todo suene más interesante y sofisticado. Cuando estaba en Corea compartí cuarto con Ju, una chica Uruguaya, que me decía que el español mexicano era muy malo y que habíamos descompuesto el español (El español uruguayo y el argentino son muy parecidos). No tuve que ir a Argentina para darme cuenta que ella tenía razón. No es que critique el español que yo hablo, pero debo decir que sí hay una gran diferencia, no es lo mismo “no mames” a “Déjate de joder” o “Wey” a “Che”, ¿Cuál se escucha mejor? En fin, igual, como acá en México y como en todos lados, me di cuenta que tienen un modismo. Casi siempre al responder algo anteponen la Y. Ejemplo: “¿Cuándo empieza el otoño?”  Respuesta: “Yyyyy…. ya empezó”. Siempre la Y.

Yyyyy… me parece que me he desviado del tema… y de Bariloche. Regresemos.

Era el cumpleaños de mi hermana y ella quiso volar en parapente. Yo, por supuesto, me apunté y por 900 pesos argentinos pude hacerlo tirándome desde el Bolsón; otro atractivo turístico de la zona. La carretera para llegar allá es hermosa, es pequeña (solo dos carriles) pero no van muchos autos y estás rodeado por agua y cerros. Subimos en una 4×4 el cerro Piltriquitrón y llegamos a tener una vista del pueblo. Estábamos muy en lo alto y podíamos ver todo pero estábamos a punto de ver mucho más.

El Bolsón, vista desde el cerro Piltriquitrón.
El Bolsón, vista desde el cerro Piltriquitrón.

Llegó la hora, mi hermana era la primera, y lo hizo bastante bien. Ella se alejó mucho y voló altísimo, tanto que por un tiempo la perdimos de vista. Mientras ella volaba yo aproveché a hacer pipí en el bosque y de nuevo tuve que implementar la técnica de “águilita” que perfeccioné en África. Ella aterrizó y ahora era mi turno.

Parapente en EL Bolsón, Argentina
Parapente en EL Bolsón, Argentina

Estaba emocionada, quería hacerlo; sentir nada debajo de mis pies, no tener apoyo e ir en dirección a las nubes. Me puse el traje que me hacía ver como una niña con obesidad nivel tres, se me ajustaron los arneses y el instructor, Ernesto, me explicó como debía hacerlo. Él me indicaría cuando tirar hacia adelante con fuerza para que el viento no nos ganara y después echarme a correr, por supuesto no corrí, me medio tropecé con una piedra y después, boom! estaba en el aire. Y cada segundo me alejaba más de la tierra y me acercaba al cielo. Y era magnífico.

Ernesto, el instructor, y yo en el parapente.
Ernesto, el instructor, y yo en el parapente.
Kimchi!
Kimchi!

Quería verlo todo, volteaba para abajo, a la derecha, izquierda y Ernesto, el instructor, me dijo que no lo hiciera, que eso haría que me mareara. Y -por supuesto- escuchar eso detonó que sintiera náuseas. Él me preguntaba “¿Todo bien?” y yo respondía que sí. No llevaba ni diez minutos en el aire así que o vomitaba ahí o vomitaba ahí. Sí o sí, porque no pensaba bajar. Todavía no. Me relajé un poco, dejé de pensar en mareos y demás… todo estaba en mi mente (siempre me pasa eso, alguien dice algo y yo enseguida lo siento). Sentía frío en las manos, mucho frío. Tratada de juntarlas y hacer que entraran en calor pero no podía. El aire azotaba en mi cara, pero eso no me molestaba, al contrario. Lo que más sentía era el frío en las manos y eso estuvo en mi cabeza por un rato. Relájate, pensé. Y después Ernesto sacó la cámara y empezó a tomar fotos. Yo posé para ellas con una sonrisa, una, dos, tres fotos y seguía tomando hasta el punto en el que yo ya no sabía que hacer. Me sentía como cuando es tu cumpleaños y estás frente al pastel y solo quieres agarrar ese pastel de chocolate y comértelo de una vez pero debes esperar a que todos terminen de cantar las mañanitas y tú no sabes si cantar, reír o llorar de lo incómoda que es esa situación. Así me sentí por un momento, hasta que me dijo que tomaría un video y me sentí aún más incómoda… ¿Debía mirar a la cámara o mirar al horizonte? Como esas poses en la que estás viendo el paisaje pero es obvio que es una foto súper actuada (¡las detesto!) Yo prefiero salir de frente y sonriendo, o levantando el puño bien arriba al puro estilo de Freddie Mercury (bueno, al puro intento de él). Pero no, no se me da andar mirando a la nada y tratar de parecer interesada por algo mientras pienso “Esta foto quedará muy buena”. No, eso no es lo mío. Pero, al mismo tiempo no podía quedarme viendo a la cámara y sonriendo como idiota por tres minutos mientras tenía todo eso frente y debajo de mi.  En fin, mientras él tomaba video a mi me dio el timón… o bueno las cuerdas esas con las que controlas el parapente, y me estaba indicando que hacer para girar, que fuera más rápido o lento y demás. Eso fue (re) padre, pero en el video me veo muy incómoda. Ah! no importa. Nadie lo verá en realidad (Aquí está el link). Termina de grabar, le devuelvo las cuerdas y me dice, ahora sí, intentaremos de aterrizar. Ok, perfecto, dije, pero podrás tener el mejor equipo o ser el mejor instructor pero al final todo depende del viento. Es como surfear, debes encontrar una buena ola, pues aquí, debes encontrar la brisa correcta. Intentamos aterrizar y no se pudo, entonces debíamos de intentarlo de nuevo, para esto necesitábamos retomar la altura ya perdida, así que empezó a dar vueltas a la izquierda (me dijo que se le llamaba burbuja térmica), y fue entonces cuando los verdaderos mareos vinieron. Recobramos la altura y volvimos a intentar. Segundo intento fallido. Todo parecía indicar que el viento quería que siguiéramos volando. De nuevo a hacer la burbuja térmica y yo con cara de “¡Demonios, ya quiero aterrizar!”, estaba realmente mareada, yo ya me sentía verde y ya no veía la hora de estar en el piso. Tercer intento, allá vamos, podía ver la pista de aterrizaje pero de repente cambiamos de dirección, perdimos altura y ¡zaz! no caímos en la pista sino en los matorrales de la colina. Yo estampé mi cara en una planta seca pero no pasó nada, no me lastimé, estaba feliz de haber llegado. Me hubiera gustado no marearme al final para disfrutarlo completamente de principio a fin, pero aún con los mareos, el parapente fue una gran experiencia para mí, mi hermana y mi papá que también se tiró después de mi. Lamentablemente no se grabó el momento en el que corrió para empezar a volar ya que fue muy gracioso verlo luchar contra el viento, parecía un niño gordo tratando de correr y luego fue rápidamente levantado y seguió pataleando ya en el aire. Sí, fue una gran experiencia y para mi el hacer parapente en Bariloche es un sí o sí.

Con mi traje de Michelin y mi puño al aire.
Con mi traje de Michelin y mi puño al aire.

 

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Erika Loredo dice:

    woooo padrísimoo! qué bonita experiencia :D!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s