Hemos matado al romance

Todos anhelan un poco de romance en su vida, incluso el más macho de todos. Pero lamentablemente, el romance ya no existe. Se perdió en el momento en el que el reggaeton apareció para decir “Hoy es noche de sexo”, “Dame más gasolina” y “Rakatá”. Se perdió cuando se dejó de escuchar un “Piensa en mi”, “Vámonos” y un “Contigo aprendí”. Se ha ido. Ya no se escuchan serenatas por la noche un día cualquiera, ni se escriben cartas a puño y letra de donde se leen palabras con alma. Ya casi no hay un felices para siempre. Ahora se piensa más el casarse que el separarse.  Sí, el romance ha muerto y no creo que regrese.

Sé de un poco de él gracias a canciones, películas de blanco y negro y los relatos de viejos que lo vivieron. A veces me gustaría vivir en años pasados, en donde un piloto tiraba cartas de amor a la mujer que vio una vez en un baile y que jamás olvidó. A veces me gustaría vivir cuando el hombre describía a una mujer de una manera tan pura y hermosa, casi poética, que te hacía llorar al escucharlo. Esas descripciones que solo un verdadero enamorado puede dar:

“Es la mujer más linda que yo he visto, y su cara es un sueño. Los ojos. Los ojos son dos almendras de sombra y de cielo. Y cuando te mira te olvidas de todo, hasta de ella misma, para ver esos ojos, los ojos de ella nada más. Su frente es alta y limpia y te dan ganas de rozarlas con tus labios, como un cariño más que con un beso. Y rozarle las mejillas con tus labios secos. Y su boca, unos labios, como dos relámpagos rojos cuando se enoja… porque te advierto que tiene su genio” (Enamorada).

Y así es como poco a poco el romance murió. Y los diarios tendrán que contar historias del pasado llenas de él, y todos suspirarán al escuchar las palabras de Agustín Lara ya como un susurro, y se llorará pensando en que alguien, alguna vez, vivió la vida en rosa junto a su otro yo. Los viejos contaremos que nos tocó vivir un roce de esa era, de cuando niños jugábamos a cambiarnos cartas con poemas amateurs pero salidos de un corazón inocente. Contaremos lo que sentíamos cuando nuestras manos rozaban y lo que veíamos en nuestra cabeza con el juntar de los labios, de una manera suave, lenta, como si quisiéramos que ese momento durara para siempre. La idea del primer beso, la idea del amor. El sentimiento de tres mil fuegos artificiales saliendo de tu pecho y nunca dejar de sonreír. Habrán historias de como el cortejo era un arte, y que había cada artista que hacía temblar el suelo. Que los hombres se ponían sus botas y pistolas pero cuando veían a la mujer que querían bajaban su mirada porque el solo hecho de verla directamente les dolía. Y les dolía porque no podían tenerla… antes no era tan fácil; primero que todo había romance. Y era por eso que cada beso, mirada y que cada palabra valían la pena.

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