Oasis, mar y sandboard en Perú.

El recorrido por Perú lo organizaron entre Diosy (mi hermana) y Aldo, yo me dediqué a leer lo que sería y a asentir. Quedó así; dos días en Lima para después ir a Ica y poder hacer sandboard, seguir el camino en autobús a Cuzco, ver Machu Picchu y ellos seguirían a Puno y Bolivia (yo por falta de dinero debía regresar a México, Diosy igual me ayudó mucho con las comidas y hostales). El recorrido por Perú, no pudo haber sido mejor. Creo que investigaron todos los buenos lugares que debíamos de conocer y logramos ver y hacer muchas cosas en esos doce días. Llegamos a Lima, lo recorrimos y después tocaba el turno de Ica.  

Ya entrada la noche Aldo, Diosy y yo llegamos a nuestro hostal en Huacachina, así que ese día solo dormimos y apartamos un recorrido que comenzaría muy temprano en la mañana con dirección a Paracas, específicamente; a Ballestas.  En el hostal podías escuchar más a gente hablando árabe que español. O, al menos, sonaba árabe para mí. En fin… nos levantamos a las seis de la mañana para poder tomar la van que nos llevaría hacia la -según- mini isla galápagos. Fue como hora y media de camino y llegamos a esta pequeña ciudad turística con olor a mar. Fuimos directo al barco y tuvimos que esperar otra media hora en movimiento para poder ver las Islas Ballestas. Cuando llegamos vimos unas rocas en medio del mar cubiertas por guano y muchas gaviotas volando encima de ellas. También vimos pingüinos que se tiraban clavados al agua y caminaban por entre las ásperas rocas de una manera graciosa, luego vimos a los leones marinos, que su gran mayoría, estaban echados y tomando el sol. Rodeamos la isla y nos fuimos. Estuvo bien conocerla pero no se me hizo algo impresionante. Lo que iba a valer la pena de ir a Ica vendría en la tarde.

Pingüinos en Islas Ballestas
Pingüinos en Islas Ballestas

Llegamos a Huacachina para la hora del lunch y decidimos comer viendo el oasis y un payaso dando un acto. A las cuatro debíamos de estar listos para tomar el buggy y hacer sandboard en las dunas peruanas. Y terminando eso, debíamos bañarnos lo más rápido que pudiéramos para poder tomar el camión a Cuzco. Iba a ser todo muy rápido, así que durante la comida, decidimos tomarnos nuestro tiempo. Pedimos especialidades peruanas y de tomar una Inca Cola. Luego paseamos por ahí y charlamos con un vendedor de souvenirs que nos dijo que los Incas y los Mayas tenían lazos y se solían comunicar a través de extraterrestres, quienes les ayudaron a las dos civilizaciones a construir sus respectivas ciudades. Yo no sé, pero hablar con él fue entretenido.

Oasis en Huacachina
Oasis en Huacachina

Y dieron las cuatro, la hora para subirnos a un buggy y conducir al desierto, donde montañas de arena tocaban el sol. Nuestro grupo era de ocho personas, la mayoría mujeres. En mi mente lo que iba a pasar es que el carrito este nos llevaría pacíficamente a una Duna y nos enseñarían a tirarnos y tal vez repetiríamos ese proceso unas tres veces más y listo, eso sería todo. Pero, creo que la mejor parte fue justo cuando montábamos el dichoso buggy. Era como estar en Six Flags. El conductor iba a toda velocidad casi volando, y veíamos como subíamos una duna y rápidamente la bajamos casi en total verticalidad que podías sentir el viento en tu cara y el estómago en tu garganta. El conductor se reía de nosotros porque éramos una bola de gritos y risas nerviosas. El buggy no fue lo que esperaba, superó mis expectativas y todavía ni siquiera habíamos hecho el sandboard.

El equipo completo con el buggy
El equipo completo con el buggy

Estuvimos un rato en esa montaña rusa de arena y después paramos en una duna pequeña. Nos pusimos nuestro equipo y el conductor/instructor nos dijo más o menos como hacerlo. Había dos maneras de bajar con la tabla, acostabas boca abajo o parados, intentamos ambas maneras. Nos caímos, nos reímos y volvíamos a subir. Esa era la parte pesada, subir esa colina para después echarte de nuevo, mi condición física estuvo a prueba. Nuestro entrenamiento de sandboard duró alrededor de quince/veinte minutos, después nos subimos otra vez al buggy, comenzó a andar, gritamos un poco y llegamos a otra duna un poco más grande. Ahora, solo nos aventaríamos una vez y el buggy nos recogería abajo. Todos nos aventamos acostados. Y por último fuimos a otra duna, que en realidad eran dos, debíamos tirarnos en una, caminar/subir un poco más y tirarnos por otra. La última era una bestia. La más grande que nos tocó. Un grupo de veinte franceses nos alcanzó y empezaron a tirarse acostados. Nosotros les seguimos. El sol se estaba metiendo, era esa hora en la que todo se ve más claro, y ahí estábamos, deslizándonos por la arena un grupo de treinta personas. Llegué a la última duna y esperé a que todos se tiraran, quería ver si alguien se atrevía a hacerlo parado. Yo no tenía las agallas pero no quería desaprovechar mi última duna. Nadie lo hizo, así que pensé “Ok, lo intentaré, si me caigo me levanto y ya me tiro acostada”. Tomé la tabla, me paré como debía y salí. Debes de sacar el trasero y poner un equilibrio con tu cuerpo, logré bajar hasta el final así, podía sentir la mirada de todos en mí. “Miren, ahí va la chica que se atrevió” Quiero pensar que algunos dijeron eso en sus cabezas. Tuve un rush de adrenalina que duro un significativo momento. Lo hice bastante bien hasta que llegué al final en el que había un pequeño montículo de arena y me desestabilizó por completo. Caí de una manera brutal y chistosa y mi momento de gloria se apagó. Pero vaya que se sintió bien (exceptuando por el golpe). 

Dunas en Ica
Dunas en Ica

Llegamos al hostal como un rayo a tomar nuestra ropa y bañarnos, quitarnos esos kilos de arena y estar listos para tomar el autobús. Dejé mis tenis allí, terminaron todos rotos y sucios, los llevé con ese fin así que no me dolió. También dejé la playera de USA que me regaló un tío cuando yo tenía como diez años. Igual que los tenis, la llevé para dejar. Ya bañados y listos tomamos un moto taxi para la central de autobús. Donde el taxista nos dijo que nos tomaría fotos y casi casi nos hace una sesión fotográfica diciéndonos donde ponernos y como posar…“Tú (a Aldo), ponte acá, como si lo condujeras, ustedes dos, las hermanas, una de un lado y la otra del otro, ándale, así” Nos decía. Cuando acabamos con las fotos, nos pusimos en marcha. Mientras conducía nos habló mucho del turismo en Huacachina. Le comentamos que nos impresionó la cantidad de turístas de Israel que había en Perú, él nos dijo que sí, que venían muchas personas de allí pero que a veces podían ser un poco agresivos y que por eso muchos restaurantes tenían carteles prohibiéndoles la entrada.

Sesión de fotos por el moto-taxista
Sesión de fotos por el moto-taxista

En fin, llegamos a la diminuta central de autobuses, nos despedimos del señor taxista y ahora sí venía lo bueno; 16 horas de autobús para Cuzco.

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