Machu Picchu y Huayna Picchu

“Tenía rato que quería ir pero jamás creí que sería lo que fue, que me hiciera sentir como me sentí. Y ese viaje sacado de la manga valió la pena mucho más de lo que ya pensaba. Entré y la neblina cubría todo pero a ratos se despejaba y sin ella o incluso con ella todo era hermoso. Y sí, sin más, Machu Picchu es de las cosas más asombrosas que he visto. Se sentía extraño estar ahí, pero extraño del bueno. Sentí como si yo no existiera. Era tan hermoso, tan magnífico, que me sentí invisible.”

Eso fue lo que escribí justo llegando de Perú en mi blog, en el post de Lo que sentí al ver Machu Picchu. Y es lo que sigo sintiendo ahora, incluso después de caminar por algunos rincones de Europa y África, Machu Picchu, es de las cosas más asombrosas que he visto. Y creo que es un lugar que no deberías dudar en ir.

Machu Picchu
Machu Picchu

Nos despertamos a las 5 de la mañana y nos dirigimos al autobús que nos llevaría a Machu Picchu. Es una subida bestial que puedes hacerla a pie. El camino es muy estrecho y a veces crees que los autobuses se estrellarán y que uno bajará en picada. Hay mucha gente esperando por entrar, esperando a ver lo que todos queremos ver; la “Montaña Vieja”, Machu Picchu.

Aldo, Diosy y yo decidimos contratar un guía para poder realmente saber sobre Machu Picchu mientras lo pisábamos. Él nos dijo que los Inca eran muy sabios y que veían el futuro por el cosmos.  Ellos anticiparon la llegada de los españoles y abandonaron Machu Picchu. Nos dijo que su oro lo llevaron a otro lugar, junto con su civilización y a esto se le conoce como “El Dorado” (esto es un mito). Nuestro guía se llamaba Édgar, él despotricó acerca de los españoles, dijo que eran unos mentirosos, traicioneros y ladrones por lo que les hicieron años atrás a los Inca. Él también nos explicó como fue encontrado Machu Picchu: por ser un poco complicado de subir montañas y llegar hasta esta la ciudad Inca, los españoles nunca la encontraron, fue hasta que vino Hiram Bingham, aproximadamente en 1908.

Como llegamos muy temprano en la mañana, pudimos ver como Machu Picchu despertaba. Como las nubes pasaban entre ella y se despejaba sólo para volverse a tapar. Me gustó ver ese momento, ver como la neblina jugaba con las montañas. Mientras caminábamos por lo que queda de Machu Picchu, Édgar nos decía lo que queríamos oír. Nos explicaba sobre el porqué de las estructuras y esto y aquello. Nos dijo que Machu Picchu tiene la forma de un Cóndor, y que los Incas creían que éste era inmortal. Édgar nos tomaba fotos y nos hablaba de su país. Vimos llamas correr y por fin llegamos a la entrada de lo que nos llevaría a Huayna Picchu; esa montaña que está atrás en prácticamente todas las fotos de MP, y nosotros la íbamos a subir.

Yo con mi puño al aire con Machu Picchu y la montaña Huayna Picchu  en el fondo.
Yo con mi puño al aire con Machu Picchu y la montaña Huayna Picchu en el fondo.
Machu picchu con neblina
Machu picchu con neblina
Llamas en Machu Picchu
Llamas en Machu Picchu

Debes reservar (y pagar) para poder hacer esto, cada día sólo suben un pequeño grupo de personas. Veías que había gente enfundada en su equipo para hacer senderismo, yo, por supuesto, no llevaba nada de esto. Vestí con mis pantalones tipo Aladdín, unos tennis, mi playera de manta bien mexicana y un bolso en el que llevaba mi cámara. “Pff ¿Qué tan difícil puede ser?” pensé, pues lo fue, no extremadamente difícil pero la altura te llega a agobiar y hace que tengas pensamientos como “Que padre sería poder teletransportarme o poder volar.” Sí fue algo cansado y me dolió la rodilla mientras subía pero valió la pena. La vista era magnífica.

Vista de Machu Picchu desde Huayna Picchu
Vista de Machu Picchu desde Huayna Picchu (foto con efecto maqueta).
Aldo, Diosy y yo con Machu Picchu atrás.
Aldo, Diosy y yo con Machu Picchu atrás.
Diosy, Aldo y yo en la cima de Huayna Picchu.
Diosy, Aldo y yo en la cima de Huayna Picchu.

Podías ver como la gente se movía por entre las ruinas, veías montañas delante de más montañas y las nubes más cerca de ti. Nos quedamos un momento allí arriba, tomamos fotos y nos sentamos a ver la majestuosidad que teníamos frente a nosotros. Después de un rato, decidimos bajar. La bajada fue menos cansada que la subida pero un poco peligrosa. Al final lo logramos y volvimos a las ruinas. Anduvimos caminando por ahí, viendo un poco más. Antes de irnos nos sentamos a observar por última vez, tratando de llenarnos de lo que sea que hay allí que hace que sientas algo en ti… y así nos despedimos.

Entre Machu Picchu.
Entre Machu Picchu.
El grupo en una foto fuera de foco despidiéndonos de Machu Picchu.
El grupo en una foto fuera de foco despidiéndonos de Machu Picchu.

Machu Picchu es hermoso, es mágico… pero, ¿Vale la pena?   ¡TOTALMENTE!

Machu Picchu.
Machu Picchu.

 

 

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