Mis días en el DF

Regresando de Argentina  estuve tres días en el DF. Fui con el fin de ver a mis amigos de la infancia. Ahora todos vivimos regados por el país y vernos suele ser difícil. Así que cuando podemos aprovechamos para vernos. Esta vez vi a Rodrigo y a Andrea.

A ella la conozco desde que mi vocabulario se limitaba a cien palabras y la mitad de ellas eran de comida (Leche, chocomilk, dulce, cosas por el estilo). Sí, a Andrea la conozco desde que tenía tres/cuatro años, cuando era una niña regordeta que disfrutaba de tomar una mamila de chocomilk a la una de la madrugada (Dejé la mamila muy tarde). Con una amistad con altas y bajas hemos seguido en contacto y todo como si nada, como si la distancia no estuviera. A Rodrigo lo conozco desde la primaria, él era un niño un tanto extraño, de esos que se llevaban mejor con las niñas que con los niños y pretendía que veía a un niño imaginario en su hombro que se llamaba Billy. Después pasó a ser un tipo más… masculino, el galán cute con su manada de machos junto a él. Y es mi mejor amigo hasta la fecha. Así, que en un puente logramos ir los tres al DF (dónde vive Rodrigo y es gratis para nosotros quedarnos). El vive en el sur, cerca de la cineteca. El día que llegué, monté un taxi y fui a su departamento, me esperaban con lagaña en los ojos después que el día anterior habían ido a Teotihuacan. Yo llegué a bañarme después de haber estado 24 horas en un autobús, tres horas recorriendo (y despidiéndonos) de Buenos Aires, para finalmente ir al aeropuerto y esperar un poco más a que nuestro vuelo de nueve horas saliera. Todo esto sin un receso para tomar una ducha, sólo lavarme en el baño del aeropuerto con toallitas húmedas. Así que primero a asearme y después a desayunar un poco. Ese día iríamos al itinerario que Andrea había escogido, el cuál se trataba básicamente de ir a restaurantes que había visto en internet. Lugares en Condesa, La Roma y Polanco. Fuimos a un restaurante que se llama Noisette que estaba bastante lindo. Pedimos un “Brunch” que resultó ser una bomba de azúcar para calmar nuestros paladares pidiendo diabetes. Té Chai de vainilla bien frío para cada uno, y un pastel rojo enorme (red velvet) y un crème brûlée (mi favorito) con un toque de algo diferente que sabía delicioso. Después anduvimos caminando por ahí, nos perdimos un poquito y luego regresamos a donde debíamos estar. Caminamos por un largo rato para bajar el Brunch y poder seguir con el siguiente punto en la lista; El restaurante Bonito. Ahí comimos de todo un poco. La verdad no recuerdo que pedimos pero sé que estuvo bueno porque pensé que podría regresar allí. Igual podría regresar a Noisette sin ninguna queja. Después nos metimos a una Librería que también es una cafetería, es una Cafebrería. Se llama El péndulo y me gustó porque tiene mucha tela de donde cortar. ¿Quieres café? ahí hay, ¿Quieres comprar un buen libro? Ahí encontrarás muchos, ¿Quieres chucerías que no necesitas pero cuando las ves piensas “Necesito esto pero no lo sabía”? Allí encontrarás de a montón. Estuvimos entreteniéndonos un rato ahí y después nos fuimos a Superama a comprar cervezas artesanales y tomarlas en el departamento de mi amigo mientras conversábamos de mi pésima situación laboral y yo trataba de cambiar el tema incómodo hacia otro sin ningún resultado a mi favor. Con dos cervezas gigantescas en mi sistema (yo ya no tengo resistencia al alcohol) me dio sueño y me fui a dormir.

El siguiente día tomamos el metro y fuimos al centro, caminamos, vimos Bellas Artes y seguimos caminando hasta llegar al Zócalo. Tomamos fotos, vimos como una señora se ponía toda loca gritando sobre la religión. Luego fuimos a la catedral y ya después tomamos un taxi para el Ángel de la Independencia. Noté que perdí mis lentes, seguimos caminando y ahora nos paramos en un café bastante hipster que se llama Cielito Querido Café. Está muy bueno ese lugar. Me gustaron las cosas que vendían, como tasas de esas de metal que encuentras en el mercado a $15 y que ahí te lo revientan al triple porque le pusieron su logo y se veían “chidas.”

Después nos dirigimos al Museo Soumaya para que Carlos Slim nos diera una cachetada al mostrarnos una pequeña parte de su inmensa fortuna. El museo está impresionante, tiene obras de Rodin (de hecho una sala entera de él y sus alumnos), tiene obras de Frida Kahlo, Diego Rivera, Siqueiros, Monet, Renoir, Orozco, Miró, Van Gogh, el Greco (él me gusta mucho desde que vi una obra suya en España cuando tenía catorce años y me explicaron a detalle esa pintura), en fin, el museo tiene muchos otros artistas más. Honestamente, ni Ro, ni Andrea y ni yo somos muy dados a eso del arte y obras y ese tipo de cosas. Habían algunas que decíamos “Ésta está padre… me gustó ésta por sus colores… ésta porque el mar se ve real… ésta por el cielo…” pero no teníamos idea de cuál era el estilo ni nada de eso. Así que no tardamos mucho en recorrerlo porque no nos quedábamos treinta minutos en cada pintura o escultura. Nos salimos y nos tomamos fotos frente al edificio del museo que está bastante llamativo. Después fuimos a comprar los boletos de Wicked de ese día. Hicimos una corridita para sacar copias de nuestras -ya caducadas- credenciales de estudiante y tener un descuento en los boletos. Y vaya que hubiera valido la pena pagar su precio original. Me encantó Wicked, a todos nosotros nos encantó. Yo tenía un terrible dolor de cabeza y aún así la disfruté muchísimo. Recordé mis tiempo de staff en las obras de la universidad. Nos tocó con Dana Paola. Reímos, cantamos canciones que no sabíamos y vimos al novio de Dana Paola sentado cerca de nosotros. Nosotros hicimos como que no lo veíamos. Me acordé de cuando venía gente famosa a Villahermosa y nosotros nos exaltábamos cuando los veíamos porque era muy raro ver gente famosa allí. En el DF es diferente, yo creo que uno se llega a acostumbrar. O al menos eso quiero pensar. Al finalizar la obra fuimos al departamento, yo sintiéndome muy mal, ellos mismos me diagnosticaron deshidratación. Me bañé, tomé Gatorade y me sentí mejor. Dormimos.

Al día siguiente Andrea se fue temprano y nos despedimos. Rodrigo se fue al trabajo y yo me quedé sola. Ese día iría a caminar yo solita por el DF. Me gusta caminar y estar sola, así que no vi ningún problema a ello. Toda la mañana caminé por el las calles del DF, fui hasta la cafebrería El Péndulo del día anterior y le compré un regalo a mi hermana. Después fui a la Cineteca en dónde me encontré con un amigo, el buen Pepe, íbamos a ver una película. Pero, no había electricidad y no estaban proyectando películas así que nos sentamos ahí mismo y comenzamos a hablar de nuestras vidas de ahora.

Manuel, el hermano de Rodrigo, me mandó un mensaje para decirme que me alcanzaría para ver la película, yo le dije lo que había pasado y se ofreció a que fuéramos a otro lado. Él es un buen tipo y es inteligentemente gracioso y, a parte, sabe moverse por los lugares trendy de la ciudad. Nos llevó a La Roma y nos enseñó los edificios que le gustaban, caminamos hablando de su trabajo y de la ciudad. Nos llevó a un parque bastante lindo y tranquilo, de ésos que no te esperas encontrar en medio del caótico DF. Luego seguimos caminando y llegamos a una casa enorme y antigua que estaba inclinada y que era una tienda de muchas tiendas; en cada cuarto había un diseñador/producto diferente. Fue muy interesante entrar a esa casa, tenía grietas producidas por temblores y recuerdo que estaba un tanto oscura pero al mismo tiempo tenía muchos colores y ventanas grandes en un lado que hacía que el sol entrara sutilmente y la alegraran. Me gustó esa casa. Después me despedí de los dos y caminé sola hasta la Zona Rosa para encontrarme con otros amigos (Nadia, Imer y Guga). Iríamos a comer mi añorada comida coreana en el restaurante BiWon. Compartí comida con una Guga, pedimos Bibimbap (barata y que te llena como un tanque) y una bbq coreana (un tanto cara pero -para mí- vale la pena). Nadia me llevó a un punto de encuentro en donde estaba Rodrigo y me regresé con él a su departamento. Dormimos. Al día siguiente él se fue a trabajar y yo al aeropuerto. En dos semanas iré al DF de nuevo, espero que esta vez logre ver una película en la cineteca.

 

Un agradecimiento a Andrea por recordarme algunos blackouts que tenía sobre los lugares y lo que hicimos esos días.

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