Mi primera noche en Bangkok

Fui a Bangkok hace un par de años, pero esa noche, la noche en la que llegué, está metida en mi cabeza como si fuera ayer. Porque esa noche no fue lo que uno llama placentera.

Llegamos un día antes de navidad. Yo estaba con mis primos Rogelio y Geli. Tomamos un vuelo de Seúl, Corea del Sur y debíamos de encontrarnos con mi hermana Diosy en el “Hostal” que ella había reservado. Nosotros estábamos cansados pero sabíamos que pronto podríamos tomar una ducha digna, dormir y estar listos para el día siguiente y así poder descubrir un poco de Tailandia. Pues bien, no resultó ser de la manera en la que la habíamos planeado.

Tomamos un taxi desde el aeropuerto con dirección al “hostal”, éste está lejos del centro de Bangkok y como yo estaba súper cansada cerré los ojos y dormí un poco. De repente comencé a soñar que mis primos estaban diciendo que ya habíamos llegado al “hostal” (¿notaron como sigo poniendo los apóstrofes en hostal?), entonces me desperté y comencé a gritar “¡Es aquí! ¡Llegamos! ¡Pare! ¡Es aquí!” y después de escucharme como maniática el taxista paró, nos bajamos del carro, tomamos nuestras cosas, pagamos y él nos dejó ahí, todo eso en un tiempo de dos minutos. Después le pregunté a mis primos, “Entonces, ¿Dónde está el hostal?” y ellos me vieron con los ojos muy abiertos y dijeron, “No sabemos, tú comenzaste a gritar diciendo que aquí estaba entonces creímos que lo habías visto”, y yo respondí “Pero si yo estaba durmiendo, ¡no vi nada!.” Así que allí estábamos, en una calle oscura y no familiar de Bangkok, mis primos, por supuesto, estaban gritándome y yo estaba parada sin saber que hacer. Había mucho calor, calor húmedo, el tipo de calor del que estamos acostumbrados en Tabasco PERO que aún así odiamos, y estábamos perdidos con nuestras grandes mochileras en la espalda, entonces hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento, empezamos a caminar.

Pasamos un hotel grande y decidimos que debíamos preguntar por la dirección. Yo tenía el nombre del “hostal” y la dirección escrita en una servilleta. Se la enseñé a la señorita de la recepción y ella no tenía ni idea de dónde estaba. Ése fue el momento en el que comencé a sentir un poco de preocupación. Seguimos caminando sin saber a dónde íbamos, decidimos ir a la calle principal (mis primos vieron una grande no tan lejos mientras veníamos en el taxi) que estaba más iluminada y se sentía más segura. Ahí, cruzamos la calle en el puente peatonal que tenía como unas mil escaleras y se sentían como unas millones con el calor y nuestras mochilas en la espalda. Nuestros rostros tenía una expresión de cansancio y molestia, no eran caras felices, y en algún punto de todo eso, creí que mis primos estaban planeando mi muerte.

Seguimos caminando y preguntándole a la gente que veíamos en la calle sobre el “hostal”, unos nos decían que era hacía un lado, otros hacia el lado del que habíamos venido y nos encontramos caminando siguiendo direcciones de un lugar que nadie sabía donde estaba. De repente un hombre que vendía comida en la calle dijo “oh, oh, oh es por allí” señalando un callejón pequeño que no se veía para nada bien. Nos miramos los unos a los otros como diciendo “Esta noche morimos” pero seguimos el camino. Tal vez en algún lugar de China alguien tenga mi riñón para mañana, y otros pensamientos como ese pasaban por mi cabeza mientras caminaba por ese callejón. De repente vimos el nombre del “hostal” en un edificio y sonreímos aliviados para después volver con nuestra cara de preocupación al ver que el edificio era espantoso. Caminamos hacia él y parecía abandonado, decidimos ir de nuevo a la calle cuando vimos que un taxi se acercaba y mi amigo Mario venía en él (Mario nos iba a alcanzar en el “hostal”). “¿Acaban de llegar?” preguntó y casi lloramos al escucharlo.

Nos dimos cuenta que el taxista que nos había llevado nos estaba estafando, porque estaba manejando en círculos para que pudiera cobrar más, porque la dirección que había tomado no era para nada la que habíamos caminado. (Ser estafado en Tailandia es bastante usual, aprendimos de ello allí).

De vuelta en el hostal, ahí estábamos, parados frente a ese edificio que parecía más un estacionamiento que hostal y no sabíamos que hacer. Ahora, si leyeron mi post de mi primer día en India, entonces tendrán una idea de la clase de hostales que mi hermana solía reservar. Los realmente BARATOS. No importaba si había bichos en la cama, o una infestación de ratas, si era barato era perfecto, (lo de las ratas es pura exageración, pero entienden lo que digo, ¿no?). Bueno, en Bangkok fue lo mismo. Súper barato pero súper horrible. Era el tipo de cosas que la gente muy muy pobre renta antes de ser completamente vagabundos. No parecía para nada un hostal, era más bien como una vecindad de clase baja en donde no me sorprendería que el señor que vivía junto a nuestra habitación fuera un traficante de drogas y las mujeres trabajaran en algún bar de Bangkok con un nombre como “Chica Caliente” o su equivalente en Tailandés.

Un hombre tailandés cincuentón nos recibió gritando “¡Es aquí! ¡Es aquí! ¡Su hermana les espera!.” Genial, era allí. (Léase en tono sarcástico). Fuimos junto a él con unas sonrisas falsas en nuestro rostro y lo seguimos a nuestra habitación. Mi hermana estaba allí, junto con su amiga Anelise de Brasil, ambas esperándonos en el cuarto, y ÉSE era nuestro cuarto. Era largo y estaba dividido en tres secciones; la primera tenía un refrigerador viejo, dos literas y un sofá algo sucio. La segunda sección era el baño, tenía una tina para dos que explica la sección número tres; una cama redonda con luces rojas en las esquinas y espejos por todos lados, incluso arriba de la cama. Parecía un escenario de una película porno. Comenzamos a reírnos porque con todo y todo era gracioso y pues… estábamos súper cansados.

Este “hostal” tenía servicio de computadora. Era una muy muy vieja, del tipo de computadora de los 90’s que es súper grande y súper lenta. Nos tomó como una década que google cargara. Y, el cuarto en donde estaba era horrible. Tenía un escritorio con la inmensa computadora, dos sillas viejas, una litera con una pila de ropa sucia y un montón de tonterías colgadas por toda la habitación. Cerca de la computadora había un esqueleto con una máscara en él, la máscara tenía una lengua salida y había miles de collares colgando del cuello. Estaba tratando de enviar un mail (que al final no pude) y de repente vino mi prima Geli y se sentó junto a mi con cara preocupada. Me miró y me dijo: “No me gusta aquí, quiero irme, osea…” y señaló el esqueleto “¡MIRA! ¡Aquí adoran al demonio!” No pude hacer más que reírme. Ahí estaba ella, preocupada sobre nuestra situación y yo sólo pensaba que ésta era tan mala pero que al mismo tiempo era graciosa. Era lo que teníamos y debíamos lidiar con ello. Y así lo hicimos… por dos noches ( ¡Y gracias a Dios que sólo fueron dos noches!). Pero bueno, por el dinero que pagamos no me debería quejar. Fue muy -MUY- barato.

Oh! pero si por si acaso van a Tailandia, no les recomendaría el Discovery Lodge (el “hostal”), en Bangkok puedes encontrar mucho mejores y siguen siendo baratos.

Bangkok Thailand

With my cousin Rogelio in Bangkok

 

 

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s