El día en el que vi al Cristo Redentor de Rio de Janeiro

Para poder visitar esta atracción tuvimos que reservar un día anterior. Reservamos para la entrada de las 9.40am. Así que nos levantamos temprano y salimos en taxi para allá. Debes de tomar un pequeño tren y luego luego vimos que había mucha neblina. Subíamos y era como dejar esa locura hermosa de Rio atrás, ahora estábamos en un bosque en medio de la ciudad, habían muchos árboles y todo lo demás desaparecía con ellos… y con la bruma.

Cristo Redentor, Rio de Janeiro
Cristo Redentor, Rio de Janeiro

Había tanta neblina que no tuvimos una buena vista de la ciudad desde arriba y ésta – a veces- también tapaba al Cristo. Mi papá dijo que era impresionante, a mí no me lo pareció tanto, tal vez era el hecho de que se veía cada cinco minutos que la neblina desaparecía para volverlo a ocultar. Había una pequeña capilla donde podías rezar un poco, muchos lo hicieron. Yo lo hice. Eso me gustó. Estuvimos arriba bastante tiempo esperando que se despejara pero nos hartamos con la cantidad bestial de gente, el sol, sin ningún lugar para sentarse y todo carísimo. Decidimos bajar. Ya abajo nos tomamos una foto de esas que te ponen un photoshop con el Cristo redentor. Un poco cara pero creo que es graciosa.

Cristo Redentor, Rio de Janeiro
Cristo Redentor, Rio de Janeiro

Fuimos a la parada del camión y Diosy y yo tomamos la ruta 422 hacia el Maracaná y mis papás la 180 hacia el centro. Nosotras tardamos como una hora en llegar porque pasamos por el centro y había mucho tráfico. Ya no sabíamos por dónde íbamos, estábamos cansadas y los signos de mi ancianidad prematura estaban presentes dándome un dolor punzante en la lumbar. De repente un señor se acercó a nosotras y nos preguntó hacia donde íbamos, le dijimos que al Maracaná y nos dijo “Ah, espera” unos tres minutos después nos dijo que saliéramos y que nos fuéramos todo derecho por una calle. Eso hicimos, el barrio estaba lindo, tranquilo. Con casas de familia y menos comercios. Caminamos por allí como 10 minutos hasta que empezamos a dudar un poco si estábamos yendo por la dirección correcta, pero de pronto, lo vimos y… era meh, un estadio grande pero que le faltaba personalidad, como el de la Bombonera. Allí, nada. Lo rodeamos para poder llegar a la entrada y el sol estaba fuertísimo. Sentías un calor impresionante y veías y sólo veías sol frente a un edificio circular inmenso. En ese punto ya estábamos agotadas. Tomamos unas cuantas fotos y decidimos no entrar, seguimos caminando hacia el metro para tomar uno con dirección a Copacabana y su mar. 

Maracaná. Foto que subí a mi instagram @dfeboli
Maracaná. Foto que subí a mi instagram @dfeboli
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