Díganme Paisa que ando en Medellín.

Después de Cartagena tomamos un avión con la aerolínea colombiana más barata directo a Medellín. Ya desde el vuelo nos pronosticaba que tendríamos puras risas ante todo, y es que durante la hora que estuvimos arriba hubo muchas turbulencias pero en vez de que hubiera silencio o gritos, sólo escuchabas risas nerviosas que al final se convirtieron en risas grupales cada vez que el avión se agitaba. Fue un vuelo divertido y llegamos con bien así que estuvo perfecto, y después de reír un poco junto con toda la tripulación, llegamos a Medellín. Allí tomamos un camión que nos llevó hacia la ciudad, nos dimos cuenta que el aeropuerto estaba muy retirado de la ciudad, y que tenía montañas y paisajes dignos de ver. Cuando el camión nos dejó tomamos un taxi para poder ir al hostal.

Después de haber sido rechazadas por un taxista que no nos quiso llevar porque no sabía dónde quedaba exactamente nuestro hostal, un viejito taxista súper lindo nos llevó, él tampoco sabía dónde estaba el lugar pero sacó su celular y dijo “Estos aparatos son muy buenos, ayudan mucho” y con su GPS pudimos ubicarnos. Ya habíamos reservado desde antes, nos quedamos en un hostal en El Poblado, una zona de Medellín bastante agradable y , debo decir, muy “trendy chic” con muchos cafés, restaurantes gourmet y varios extranjeros paseándose por ahí. Nuestro hostal igual estaba muy bonito, como la misma zona, y la que lo atendía era muy buena onda. Nos dio las llaves, nos dio tips y nos dijo que podíamos ir al centro cuando le preguntamos dónde podíamos conseguir mezclilla barata, también nos dio todas las indicaciones para llegar allí.

Ya era un poco tarde, como las 5, así que después dejar las cosas en el cuarto y de asearnos un poco nos embarcamos a la aventura de ir al centro de Medellín, en metro. ERROR. Era hora pico, gente y gente y más gente por todos lados y cuando llegaba un vagón todos se empujaban para poder caber, aún incluso cuando parecía una hazaña imposible de hacer. Nosotras tuvimos que esperar a que pasara otro más hasta que nos decidimos a entrar en ese mar de personas. Yo iba en estado “No hablo con nadie, cuido mi bolsa, ten un aspecto de ruda” mientras que mi hermana y mi amiga Gin se reían de mí porque al parecer tenía la axila de un hombre justo en mi cara y yo ni cuenta me daba. Salimos de ahí con vida y le preguntamos a un policía que nos diera indicaciones, nos vio y dijo:

“¿Qué hacen aquí a esta hora? Es un poco peligroso […] actúen como paisas”

Nos dijo eso para que así no corriéramos algún tipo de peligro. Las tres hicimos la mejor imitación a lo que creíamos que era actuar como paisas y salimos a las calles del centro de Medellín dispuestas a conseguir ese encargo y después irnos enseguida a El Poblado. Caminamos varias cuadras, vimos gente cantando y bailando en un círculo mientras comían unas arepas, vimos un poco de las obras de Botero y por fin encontramos un lugar dónde podíamos comprar lo que queríamos. Todos con quien hablamos en ese tiempo nos decían que nos fueramos ya de ahí porque no era un lugar muy seguro. Hicimos caso y tomamos el metro de regreso. Esta vez todo estaba calmado y la gente hacía fila para entrar. Una completa diferencia a lo que vimos horas antes.

Guatapé está muy cerca de Medellín, y muchos amigos colombianos nos lo recomendaron mucho. Así que nuestro segundo día allí decidimos ir. Por la noche regresamos a El Poblado y fuimos al parque Lleras en dónde me reuniría con Tatiana, mi amiga de Colombia que conocí en Uganda. Cenamos en un restaurante de ahí y recordamos viejos tiempos. Después Tatiana nos dio un pequeño tour en carro por la zona y pudimos ver un poco más de El Poblado y de Medellín.

Al día siguiente tomamos el metro e hicimos el recorrido del metrocable por encima de los barrios de bajos recursos de la ciudad. Muchos nos dijeron que de preferencia no nos bajaramos, así que no lo hicimos, igual porque teníamos el tiempo medido, ya que nos encontraríamos con Tatiana en la Plaza Botero en un rato.

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Cuando la vi me presentó a su mamá, Nancy, y me agradó mucho. Se parece a ella, y ambas querían que viéramos lo importante de la Medellín. Nos llevaron por el centro, nos enseñaron dónde y qué comprar. Vimos el parque de los pies descalzos (sí, como la canción) y una plaza con muchas luces (que estaban apagadas porque era de día). Después fuimos a Pueblito Paisa. Allí vimos la ciudad de Medellín desde arriba, una vista de todos los rincones y una recreación teatral de lo que es un pueblo en esa región. Como después era hora de comer fuimos a la central de abastos, que es enorme. Todo está seccionado y nosotros fuimos a la parte de los mariscos. Allí puedes comprar el pescado y también hay restaurantitos para comer ahí mismo. Pedimos cosas diferentes pero todas riquísimas. Después fuimos a un centro comercial. Nos dimos cuenta que en Medellín no contruyen centros comerciales pequeños, todos son inmensos con muchísimas tiendas. Cambiamos un poco de dólares e imprimimos el boleto de avión, para después comprar un helado que Tatiana me dijo todo niño en Colombia lo come, “Esto es mi infancia” decía mientras yo saboreaba el helado. Así nos despedimos de Antoquia, después de haber comido hasta lo que no y de abrazar a viejas amistades. Medellín fue pasos nuevos y recordar pasos ya dados. Captura de pantalla 2016-01-19 a la(s) 23.24.15

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