Acoso sexual en India.

Cuando fui a India no tenía idea del problema que se vive en ese país en cuanto a abusos sexuales hacia mujeres. Lo único que me dijeron es que no llevara ropa pegada, así que estuve todo el tiempo con pantalones estilo Aladín y una rompe vientos una talla más grande, no porque me lo dijeran si no porque esa era la ropa que tenía para climas fríos. En fin… cuando regresé de India recuerdo a una amiga decirme, “Wow, India, que cool… ¿Sabías que cada 20 minutos en India hay una violación sexual?” No, no lo sabía, pero me hizo recordar algo que viví allí.

Me parece que faltaban dos días antes de regresarnos a Seúl, estaba con mis dos primos en un mercadito cerca del hotel barato en el que nos quedamos en Nueva Delhi. Este mercadito era una calle que tenía puestos de diferente tipos de cosas, más que nada souvenirs y ropa hindú. Cada local era como un cuarto de 2×3 metros, alargado y oscuro. Si entrabas podías ver más cosas de la tienda. Mis primos estaban en otros puestos viendo que comprar. Yo me metí a uno porque me gustaron dos pantalones y quería saber si tenían otras tallas ya que no creía que me fueran a quedar. Entré y había un tipo en medio y otros tres rodeándolo. “¿Tiene de otra talla?” pregunté indicando los pantalos que tenía en la mano. Sentía la mirada de todos en mí, pero no le di importancia. El que estaba en medio respondió que no, pero que sí me quedaban esos. Agarró los pantalones que yo traía y los midió con sus manos, después me agarró de la cadera, como si estuviera checando mi talla, en seguida metío sus pulgares dentro de mi pantalón, tocando mi piel, los demás dedos seguían tocando mis caderas por fuera del pantalón. Posteriormente movió sus manos con sus pulgares todavía  dentro, tocándome, desde mis caderas hasta mi pubis. Terminando esto retiro las manos y dijo; “Sí, definitivamente sí te quedan.” Yo me quedé callada, sin reaccionar, vi a los demás hombres mirándome con una sonrisa torcida y ojos intimidantes. Compré los pantalones y salí de ahí. Nunca se lo dije a nadie… hasta hace pocos meses.

Cuando pasó esto yo tenía 22 años, no era una niña, y aún así, no reaccioné. La vida siempre ha sido generosa conmigo y soy de esas personas que confía a lo pendejo. Confío en que hay bondad, y, aunque lo sigo haciendo me he dado cuenta que el mundo está más viciado de lo que yo creía, y que la bondad es difícil de encontrar. Esa vez mi excusa fue que “Tal vez así medían las cosas en India” yo sabía que no era cierto pero me lo decía a mi misma para dejar de pensar en ello y ya no sentirme culpable. Sí, culpable. La semana pasada estuve leyendo un poco de actos de acoso sexual en México y en ellos casi siempre las víctimas terminaban diciendo que nunca hablaron por vergüenza. Yo siempre creí que si me pasara algo así, gritaría o me defendería, pero, esa vez no lo hice… incluso terminé comprando esos pinches pantalones que ni me quedaron. Me quedé callada porque no sabía como decirlo y me sentí estúpida por dejar que sucediera y dejarlo pasar. Incluso, me sentía como una idiota de sólo recordarlo, y estoy segura que en ese momento me hubiera sentido la más grandísima imbécil al decirlo.

Creo que es importante aclarar que este tipo de cosas no sólo ocurren en India… son incidentes que se comenten en todos lados y que la mayoría de las mujeres suele callarlo.

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foto: indiaopines.com
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