Regresar fue fácil, olvidarlo no.

Para un trabajo me pidieron de favor que escribiera sobre mi experiencia de vivir en otro lugar y luego lo que pasó al regresar. Esto fue lo que escribí:

Fui a Seúl, Corea del Sur para estudiar un semestre de intercambio… un semestre que se convirtieron en dos. Después de vivir tres meses ahí supe que el tiempo que iba a estar no era suficiente y necesitaba más. Creo que la vida es un constante aprendizaje, y viajando es dónde aprendes más. Vivir en Corea del Sur despertó muchas cosas en mí. Me hizo ver quién era yo y lo que quería de mí misma. Me hizo apreciar lo que ya tenía y cambiar lo que no me gustaba. Me decidí por ese país porque de una cosa estaba segura; no quería ir a un lugar en dónde hablaran mi idioma, o bien, el inglés (que también hablo). Quería que me costara trabajo, se me hacía muy fácil ir a un lugar en dónde todos me entendieran y yo a ellos. Así que por una y otra razón Corea del Sur resultó ser el único país al que podía ir con estas restricciones que yo misma puse. Creo que tener esa oportunidad de vivir en un lugar el cuál es completamente diferente de dónde vienes es una experiencia que te abre los ojos y te hace crecer. Vivir en un lugar ajeno al tuyo en general lo es. Mi tiempo allá fue magnífico y al regresar a México vivía en una constante ola de recuerdos y anécdotas de un pasado no lejano. Conversaciones que tuve, calles en las que caminé, atardeceres que aprecié. Todo eso tuvo un nuevo significado, y se hicieron más fuerte porque ya no lo tenía. Por un lado ya quería irme y volver a casa, sobre todo porque en ese entonces para mí Corea no era Corea sin los amigos que hice y que también, como yo, volvieron a sus países. Pero siempre que recuerdo ese lugar, o veo fotos de ella, me lleva de nuevo a ese tiempo en el que me perdía en sus edificios y en un idioma extraño. Regresar fue fácil, olvidarlo no. Aún ahora sigo teniendo flashbacks de lo que fue, de momentos, de su arquitectura, de sus fiestas y las noches en vela.

Hubo cambios en mí después de Corea. Uno de ellos, el más importante, (por más cursi que suene) es que logré conocerme más a fondo y sinceramente. Pude estar ahí y viajar a sus países vecinos y cercanos y descubrí lo fuerte que puedo ser. Pienso que vivir en un lugar distinto al hogar lleva consigo cambios a tu persona y te permite estar más atento a ti mismo y a como te relaciones con lo que te rodea. Estás más consiente, una característica de madurar, creo yo. Ahora bien, con mi familia no sufrí un gran cambio, ya que desde la universidad he vivido lejos de ella. Con mis amigos sí lo hice… porque irte un año es dejar un año de momentos con ellos. Ellos vivieron, aquí, o en otro lugar, cosas en las que yo no fui partícipe, así como ellos no lo fueron cuando yo estaba allá y el regresar con la mayoría de ellos graduados y trabajando fue una separación que no esperaba encontrar pero que no me molestó hacerlo, ellos cambiaron pero yo también lo hice. Creo que lo que más sufrí es tener este enlace con gente que ya estaba lejos, con personas que lo más seguro es que no volvería a ver pero con la que por un año tuve risas y hablamos de sueños. Al regresar, viví dos vidas; la de aquí y la aquí pero con la mente allá. Me juntaba con mis amigos mexicanos y después “skypeaba” con los otros. Planeamos viajes que nos reecontraron y volví a vivir, por un momento un Corea fuera de Corea. Otra cosa que me pegó fuerte fue que extrañaba la comida, y aquí me daba codera pagar el doble o el triple por ella, pero de vez en cuando iba –y voy- a restaurantes coreanos por gusto y por nostalgia. Y, a veces, compró mi postre preferido, ése con el que me alimentaba a diario cuando vivía en tierras lejanas.

Una cosa que me trajo ese año en ese país lleno de templos y K-pop fue que despertó en mí una nueva pasión… y una vieja; la de viajar y la de escribir. Mi vida aquí en México, gracias a que viví en Corea y todo lo que hice allá, es ahora una lista interminable de países que quiero ver. Tengo esta ansiedad por seguir conociendo y viajar cada que puedo. Y realmente creo que vivir allí me dio eso. Esta seguridad de poder hacerlo, poder irme y saber que me irá bien.

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