Chicabal; la vez en la que los guatemaltecos nos sonrieron.

Creo que la ida a la laguna de Chicabal nunca la olvidaré. No sólo porque me di cuenta que Dios es bueno y ayuda, también porque nos dio un momento lleno de calidez humana. Pudimos conocer de cerca a la gente que vive allá y fue una aventura que hizo que Guatemala tuviera un nuevo significado. Una de ésas que te da gusto tener y que hacen de los viajes gratificantes.

Fuimos por la mañana a tomar un micro que nos llevaría a la parada para otro micro, éste ya nos dejaría en el comienzo del sendero para poder llegar a la laguna. Fue una hora de viaje. Yo me senté junto con el conductor y comenzamos a platicar. Me dijo que su sueño era irse a Estado Unidos. Cuando nos dejó y nos despedimos de él comenzamos a caminar. Preguntamos un poco para asegurarnos que estuviéramos en el lugar correcto y  proseguimos la marcha. Nuestro amigo nos dijo que nos llevaría en total tres horas la subida y la bajada. ¡Que mentira! Si lo hubiéramos subido nos hubiera dado la noche para completar todo. Nosotras llegamos con la idea de que era fácil, pero al subir unos 500 metros nos dimos cuenta que no lo sería, estaba demasiado empiando y hacía que cada paso se sintiera al doble, sobre todo con las pesadas mochilas que llevabamos en la espalda. Por fortuna una camioneta de policías pasó junto a nosotras, se paró y nos preguntó si íbamos a la laguna, dijimos que sí y ellos se ofrecieron a llevarnos. Por un momento pensamos en decir no porque queríamos hacer un poco de ejercicio y aventura, pero gracias a Dios asentimos y nos subimos a la camioneta. Tardamos 30 minutos en llegar a un punto de recreación dónde todavía nos faltaba unos 1000 metros de subida para poder llegar a la laguna. El tramo que hicimos junto con los policías parecía verdaderamente cansado y largo. Pasamos como tres pueblos en ese trayecto y agradecimos haber dicho que sí a esa inesperada ayuda.

Nos despedimos de ellos y comenzamos a caminar, de nuevo en subida. Nos hicimos una hora para poder llegar a la susodicha laguna pero a mí se me hicieron más. Esto no fue un senderismo común, sí está pesado. Pero por fin llegamos a la cima y podíamos ver la laguna, a lo lejos, porque teníamos que bajar unos mil escalones para poder llegar a ella. Entonces, comenzamos de nuevo. Cuando por fin llegamos a estar frente a frente se sentía extraño. No sé como explicarlo sólo puedo decir que ese lugar tiene una energía rara que flota por todos lados. Los indígenas de allá, los Mam, creen que es sagrada y le dejan flores. También siguen haciendo rituales en ella. Yo no sé si era por esa razón que se sentía lo que se sentía pero creo que algo tiene que ver. En fin, caminamos un poco por ahí y tomamos algunas fotos. Después nos sentamos alejadas de todos y comimos una merienda que habíamos llevado para el pequeño viaje. Decidimos irnos porque nos sentíamos intranquilas. Y, comenzamos a subir entre árboles y piedras. Decidimos ir por un pequeño camino y no por las escaleras que parecían eternas. Tardamos como media hora / cuarenta minutos, fue pesado fue volver a subir. Cuando estabamos en la cima vimos que sí habían camionetas y deseámos con todas nuestras fuerzas que una nos recogiera. Comenzamos a bajar pero no vimos nada. Así que seguimos el camino, y como estaba muy empinado era un poco peligroso porque nos estábamos resbalando. De repente oí que se acercaba una camioneta, pasó junto a nosotros y vimos que estaba llena. Era una camioneta con caja atrás, ésta estaba llena de mujeres indígenas. La camioneta se paró y nos preguntaron si querían que nos llevaran hasta abajo. Sonreímos agradecidas.

“Pero, ¿Si cabemos?” Preguntamos.

“Claro” respondieron haciendo espacio suficiente para nosotras dos.

Nos subimos e íbamos bastante incómodas pero estábamos felices de tan buena suerte y de encotrar a gente como ellos. Fue un camino de cuarenta minutos y nos la pasamos hablando de su cultura, de México, de las telenovelas. Ellas sabían más de actores mexicanos que nosotras mismas. Una señora quería que nos casáramos con sus hijos y nos los enseñó en su celular. Nosotras sonreíamos. Creo que fue la mejor manera en la que Guatemala podía despedirse de nosotras, enseñándonos esa parte huamana de ella. Ese momento, con el trasero adolorido y entumido por el poco espacio, después de ver un lugar sagrado, con esas personas junto a nosotras hablándonos de ellos, de su vida, su cultura, sus gustos, fue verdaderamente mágico. Lo mejor que nos dio Guatemala.

Captura de pantalla 2016-07-10 a la(s) 22.06.21

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s