Lucía

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Hoy escribo indignada. Con rabia, miedo y una mezcla de impotencia. Escribo sabiendo que nadie leerá esto, y que si lo hacen sólo a pocos le importará. Necesito decir lo que tengo en mi cabeza, lo que pienso y siento desde el momento en el que leí lo que vivió una chica en ese país lleno de fútbol, alfajores y tango. Ese país que se tiñó de negro, de rojo y de llanto. Y, es que, no es solamente en ese lugar en el que esto sucede. Pero, este caso nos hizo abrir aún más los ojos  ante la situación aberrante en la que vivimos las mujeres. En la que caminar con temor se hizo costumbre, escuchar algún comentario lascivo es casi ya normal, en el que apresurar el paso ante la presencia de un hombre es un reflejo y en el pensar dos veces en si ponernos esa falda corta o mejor algo un poco más recatado. Me da tristeza saber que en todo el mundo existan acontecimientos como éstos, que en lugar de disminuir se estén haciendo más comúnes.

Cuando alguien dice no, es no. Sigo sin entender porque hay gente que no lo comprende. El sexo se ha hecho trivial. Le han quitado el placer, el amor. Lo han convertido en una atrocidad vulgar. Pero eso sí, a la mujer no le han quitado la etiqueta que tiene en la frente que dice “objeto” con marcador negro indeleble, y así usarla como eso, dejar de verla como una persona, como un ser humano. No puedo creer que exista este tipo de maldad. Trato de imaginarla pero ni eso puedo. Es tan grande, tan salvaje y perversa que me es imposible hacerlo. Al leer la nota me siento asqueada. Me siento triste al pensar en los padres, en el saber que su hija se fue cuando aún tenía arena cayendo en su reloj. Que la mataron, y que antes de hacerlo la violaron de esa manera tan cruel. Que antes de morir sufrió lo que nadie debe de sufrir. Que lo último que vio fue a esos hijos de puta encima de ella, tocándola. Pienso en esos hombres, quiero creer que tienen remordimiento, pero honestamente, no lo creo. Alguien que hace algo como lo que ellos hicieron no sienten nada.

Y es que la cosa no es que debamos de luchar para que no pase esto. Es que no debería de estar pasando. PUNTO. Tan simple como eso. No debería, más sin embargo está sucediendo. Esta cultura inculta nos está matando. Y la gente se para y grita y marcha. Pero al final del día las cosas no cambian. Nosotras necesitamos que cambien. Para sentirnos seguras, para ser completamente libres. Y puedo decir mucho más, escribir hasta que me sangren los dedos pero la verdad es que no encuentro la solución. No sé que hacer para que no haya otra más. Y que maldito coraje me da no saberlo.

 

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Lamentablemente, tienes mucha razón….está pasando en todo el mundo y las autoridades poco o nada pueden hacer ante la gran cantidad de casos que se presentan todos los días, lo único que pueden hacer es cuidarse mucho y prevenir éstas situaciones ante la pérdida de valores y principios, el incremento del consumo de drogas, alcohol, etc., etc

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