San Pancho y sus atardeceres color lila con rosado.

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San Francisco, Nayarit, o San Pancho, para los amigos, es la joya perdida que está siendo encontrada. Está ubicado a cinco kilómetros de distancia de Sayulita pero tiene una pureza que la última ya perdió un poco. En San Blas puedes encontrar playas vírgenes, en San Pancho también pero el pueblo es más limpio y digamos que tiene cierta personalidad. Para llegar se requieren de dos horas de carretera desde el pueblo con ese muelle “famoso”, es un camino lleno de curvas y árboles. A mí me pareció bastante bonito, lleno de vida.

Llegamos a San Pancho por la tarde de un martes. Es un lugar pequeño así que rápidamente dimos con el Airbnb que habíamos apartado para esas fechas. Un lugar cerca de la playa con mucho estilo. Después de dejar las maletas y descansar un momento fuimos a ver el mar. Y tan pronto y estabamos en la playa, éste nos dejó con la boca abierta. Las olas eran enormes y chocaban contra la arena como si se odiaran.

“Ni en sueños me meto ahí” pensé estúpidamente nublada por un miedo irracional.

Después de estar sorprendidas con la fuerza con la que las olas quebraban vimos más de cerca y nos maravillamos con el atardecer. Era uno de esos que te quita el aliento. Los colores rosado, azul y lila se mezclaban perfectamente entre el anaranjado del sol y el blanco de las nubes. El mar reflejaba los colores de manera sutil, como si el cielo acariciara al mar. He visto muchos atardeceres en mi vida, los he visto en diferentes ciudades, diferentes circunstancias, e incluso, atmósferas… pero jamás me había encantado tanto uno. Éste era de esos que te pone a pensar, que el tiempo se detiene, en el que sólo sientes que existes tú y ese cielo y mar infinito. Un atardecer que te absorbe, te jala a pensar en lo bello que es la tierra. Un atardecer lleno de colores pasteles y de magia.

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San Pancho fue  nuestra sede para poder movernos a otros pueblos y a otras playas. Y fue una de las más gratas sorpresas de este viaje. Creo que una de las mejores decisiones al planear nuestra huída fueron esos lugares llenos de México que escogimos. Sayulita es lindo, sí que lo es pero San Pancho, para mí, le gana por mucho. Tiene una tranquilidad que le sienta bien a cualquiera, las personas locales se mezclan perfectamente con los que están de paso y hay una armonía indiscutible. Lo amé. De verdad que sí. Y eso que todavía no había nadado en su mar….

Nuestro último día en San Pancho fue cuando lo intentamos. Nos habían dicho que si pasábamos unas rocas encontraríamos una playa más sola y con olas más calmadas. Caminamos allá y vimos que las olas eran iguales en todos lados. Aún así quisimos meternos. Decidimos ir donde había más gente por si pasaba algo al menos alguien podría ayudar. Nadando sólo habían dos personas en esa área. Dejamos las cosas en la playa y fuimos a encontrarnos con el mar. Para entrar fue como cuando eres niño y estás jugando a saltar la cuerda con demás niños… cuando ellos la mueven y tu tienes que correr dentro y comenzar a saltar, así se sintió un poco. Debías observar el momento indicado para poder correr, dejar de sentir la arena en mis pies y empezar a nadar. O, al menos, así lo hice yo y me fue bien. Las olas me tomaron delicadamente, me sacaron de la zona ruda y me alejaron de la playa para encontrar paz. El sol se iba despidiéndo lentamente de nosotros dándonos unos colores hermosos que se reflejaban con el agua. De lado izquierdo era un azul permeable y de lado derecho rosado. Era fantástico. El mar te abrazada y te protegía de todo. Comencé a flotar viendo las palmeras lejanas y el cielo sobre mí cobijándome como manto. Me encanta nadar, y me encanta nadar en el mar. Esa última nadada del viaje fue la mejor de todas. Se sintió especial, como si San Pancho nos dijera “Adiós, vuelvan pronto.”

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Por la noche fuimos cerramos con broche de oro, fuimos a cenar a un restaurante bastante bueno. Se llama Maria’s y, aunque nos pareció un tanto caro a lo que acostumbramos a pagar en restaurantes en ese viaje, la comida y el servicio allí valió cada centavo. Me gustó que tenían una opción de la pesca del día. Ese fue el que pedí. Comimos como reinas y después fuimos a un bar bastante lindo cerca del Airbnb. Con eso fue como nuestro úlitmo día en San Pancho fue perfecto.

 

 

 

 

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. excelente crónica del paseo por San Pancho…FELICIDADES!

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