Vancouver, las primeras 24hrs. 

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El día llegó, de nuevo con un rumbo nuevo. Tenía planeado este viaje desde hace mucho tiempo, con varios amigos aquí era imposible no hacerlo. Volé a Canadá con un propósito,  una boda. Una que yo ya sabía que tendría que asistir, me lo dije a mi misma cuatro años atrás cuando fui a República Checa para otra boda. Yo asistiría a todas las de mis amigas de ese viaje, así que aquí estoy, en Canadá con dos mochileros, una maleta y una libreta que espero llenar con historias de este viaje. 

Para llegar tomé una avión con escala e Dallas, el cual se demoró y tuve que dormir en esa ciudad (América Airlines pagó por el cuarto de hotel), estuvo bien, descansé muy poco pero al menos tenía una cama. Durante el vuelo conocí a una chica francesa e hicimos amistad. Desayuné con ella en el aeropuerto al día siguiente mientras esperábamos nuestros respectivos aviones. Algo bueno surgió de una demora como esa. 

Llegué a Vancouver con la sorpresa de que había mucha neblina por unos incendios. Salí de la estación de skytrain (el boleto del aeropuerto al centro de Vancouver costó unos 10 dólares canadienese), e aire se sentía pesado. Las nubes eran de un blanco extraño que se veía cada vez más y más cercano. Había un calor insoportable, la humedad era sorpresivamente sofocante. ¿Vancouver? Me pregunté a mi misma mientras caminaba para tomar el autobús por esas calles que se sentían al sureste mexicano en plena canícula. 

En el autobús conocí a una señora canadiense muy amigable y a una chica austriaca que me dijeron donde bajar y hablamos un poco sobre Canadá,  Austria y México.  No tenía ni un día en el país y ya sentía esa amabilidad de la que muchos extrajeros hablan al viajar o vivir en el país. 

Bajé del camión, ya con sudor en mi espalda, y caminé hasta encontrar la calle de la casa de los padres de mi amiga (donde me quedaría por una semana). Ese día tendríamos una pequeña fiesta con todos los invitados en la casa, así que después de bañarme, Mari (la madre de la novia, quien es súper linda y habla español porque tiene ascendencia española) me encomendó a cortar algunos arbustos del jardín, así que comencé a ayudar un poco. La fiesta fue sin lugar a dudas excepcional, todos hablaban con todos, nos conocimos, reíamos,  volvimos a ver caras conocidas y se sentía una total armonía que inundaba el jardín y la calle entera. Yo, agotada por todo el viaje (y el alcohol), me fui a dormir poco antes de que terminará todo. Al día siguiente iría con mi amiga checa a ver un poco de la ciudad y el encanto de ésta.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. JUAN FLORES MACIN dice:

    Excelente relato mi amor…….

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