¿Por qué Vancouver?

Honestamente no tenía muchas ganas de ir. Canadá no me llamaba la atención y prefería gastar mi dinero en otro lugar. Lo único por lo que me entusiasmaba ir era por la razón por la que iría; una boda. Conocí a los novios en mi intercambio en Corea del Sur, en cuanto supe que estaban comprometidos yo sabía iba a ir a esa boda. Lo supe desde que junto con Jasmine, mi amiga canadiense (y actual novia), fuimos a la boda de otra amiga del intercambio en Praga, hace cuatro años. Desde ese momento lo sabía, yo iría a todas las bodas de ellas así fuera al otro lado del mundo. Así que aunque el país al que iría no me emocionaba, el ir allá a ver antiguos amigos y reunirnos todos, éso fue lo que hacía que mi sonrisa saliera.

Pagué el boleto de ida de Cd. de México a Vancouver con una escala en Dallas y el de regreso fue de Seattle a Guadalajara (porque con Volaris esta opción es muy económica y también porque yo estaría en esa ciudad al final del viaje). Compré el boleto varios meses antes del gran día y desde ahí comencé a investigar un poco sobre Vancouver y sus alrededores. Leí sobre Whistler, Victoria, Tofino, Squamish y todo lo que hay que saber de Vancouver, la ciudad y la isla. Busqué opciones de transporte, restaurantes locales, eventos en las fechas en las que yo iba a estar allí. Le hacía preguntas estúpidas a mis amigos canadienses sobre que ropa llevar, si se podía nadar en el mar. Todo. Y, antes de tomar el avión yo ya sabía todo lo que debía de saber, e incluso, más.

Estuve prácticamente dos semanas en Vancouver. Aprendí a moverme en autobús público, y, por supuesto, también caminando. Hubieron días en los que los turistas me preguntaban sobre lugares y cómo llegar y yo les respondía confiada. En ese poco tiempo logré sentirme parte de la ciudad. Y la imagen del país al que no estaba entusiasmada de ir se hizo más clara. No sé si vuelva pronto pero espero que así sea. Tengo tantos lugares en la mente a los que quiero ir y conocer, y otros más a los que quiero regresar. Canadá, especialmente Vancouver, es uno de ellos. No sólo porque la ciudad es realmente hermosa, y porque tiene el mar y las montañas rodeándola, o por ese atardecer reflejado en el agua que te quita el aliento. También porque allá tengo gente por la que vale la pena volver a un lugar al que ya fuiste.

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