Un día caminando por downtown Vancouver.

Llegué a Vancouver un jueves después de toda una odisesa de aeropuertos, camiones, aviones y trenes. El día estaba cubierto de una neblina y el calor era sorprendente. Para el día siguiente el cielo se aclaró y el clima refrescó un poco, lo cual fue muy bueno porque ese día Dasha, mi amiga Checa, y yo iríamos a caminar por todo el centro de Vancouver. Trataríamos de ver todo, de este a oeste y de norte a sur.

Primero lo primero, debíamos comprar unas tarjetas “Compass Card” para poder utilizar el servicio de transporte público sin necesidad de tener el cambio exacto y que también fuera más barato. Después de comprar esto en una farmacia y ponerle 10 dólares canadienses a ésta, paramos en el popular “Tim Hortons” para comprar un café que sabía a mierda pero que por lo menos no estuvo caro. Salimos de allí con esa agua azucarada que hacen llamar café y nos dirigimos a la parada de autobús. Después de esperar diez minutos en una nos dimos cuenta de que estabamos en la incorrecta y caminamos unas tres cuadras a la parada en la que debíamos estar. Nosotras nos estábamos quedando en la casa de los padres de mi amiga Jasmine, ellos viven en Kitsilano, que está cruzando el puente del downtown. Es una zona bastante linda, se siente como estar en un suburbio estando dentro de la ciudad. En autobús eran alrededor de 20 minutos hasta la primer parada de downtown depués del puente, ésta era la de Davie Street. Durante el trayecto un señor nos hizo plática y nos preguntó si necesitábamos ayuda. Aunque lo teníamos controlado le dijimos a dónde queríamos ir y él nos señaló lo que nosotras ya sabíamos.

-Yo sé lo que es viajar y siempre es bueno cuando la gente te ayuda, es por eso que yo siempre trato de ayudar -dijo.

Hablamos un poco con él sobre de dónde éramos y él nos comentó los lugares a los que había viajado. Nos dijo que recientemente había estado en Colombia y que le había encantado. Charlamos un rato sobre ese país y cuando llegamos a Davie Street nos despedimos.

-Caminen por Davie Street -dijo- Es muy interesante.

vancouverdowntown

Quedamos algo intrigadas con eso último así que decidimos caminar hacia el Stanley park por el Sea Wall, mientras veíamos el mar lleno de barcos y la gente pasar junto a nosotros caminando, corriendo o en bicicleta. Después, sin meternos al Stanley Park (eso lo dejaríamos en otro momento) caminaríamos por toda la Davie Street para ver lo interesante de ésta, según el señor del autobús.

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Bajamos de la parada y caminamos Burrad St. hasta English Bay. Anduvimos toda esa zona. En el mapa se veía que sería un largo tiempo de caminar pero en realidad no fue tanto. En 20 minutos ya estábamos en las faldas del Stanley Park ( y eso que nos paramos a tomar algunas fotos durante nuestro recorrido hasta ahí). Cuando llegamos a la esquina de Davie St. vimos que había unas estatuas de hombres riendo que al parecer son populares con los turistas. Así que nos acercamos y nos tomamos fotos con ellas imitando sus poses.

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Después de hacer eso, y, por ende, actuar como completas turistas, nos dirigimos a la Davie St. y la caminamos toda hasta llegar a la calle Grandville, fuimos al norte por esta y después nos desviamos para llegar al barrio de Yaletown que honestamente no nos pareció gran cosa. Es sólo un lugar con varios restaurantes modernos y departamentos. Nada fuera de otro mundo. Nos metimos a una tienda de cosas de casa para usar el baño y llenar nuestros termos con agua y seguimos nuestro camino hasta Chinatown. Eso es algo que me pareció muy bueno en Vancouver, hay opciones para utilizar los baños y no te cobran como en otros países. Mis amigos me decían “Ah sí, tú nada más entra y úsalos y no te dirán nada.”

En fin, llegamos a Chinatown y caminamos un rato por ahí. Se veía un poco sucia y la gente que pasaba junto a nosotras tenía un aspecto sobrio. A esa hora del día habían muchas tiendas cerradas, pero la razón principal por la que fuimos a ese barrio estaba abierta y fue una grata sorpresa. El Dr. Sun Yat-Sen Classical Chinese Garden es un pequeño paraíso perdido dentro de ese color gris depresivo que emanaba en Chinatown. Entrar es gratis y de verdad que entras y sientes una tranquilidad inmediata. Es pequeño, sí, pero con lo que hay basta para que sea un punto al que debes de ir mientras caminas por ese barrio afamado de la ciudad. El estanque en medio del parque tiene peces dorados. Hay bambús y árboles que dan sombra y frescura. Lo recorrimos en nada pero el sólo estar ahí nos preparó un poco para nuestra siguiente parada; Gastown.

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Gastown es, a mis ojos, el lugar hipster de Vancouver. Tiene una vibra cool, los restaurantes y tiendas son trendy. Hay cervecerías locales, tiendas de souvenirs padres, un reloj que toca música cada 15 minutos, los árboles iluminados por la noche que te hacen sentir que la navidad está cerca. Todo muy lindo, excepto, el camino para llegar ahí desde Chinatown. Mi amiga y yo, después de estar en total serenidad en el parque chino, salimos con dirección a Gastown y nos esperaba una realidad de Vancouver de la que ya había leído pero no creí que fuera tan palpable. Las calles repletas de vagabundos, muchos de ellos completamente idos, y otros con marcas de la droga en sus rostros. Lo que me dijeron fue que muchos de los vagabundos en Canadá llegan a Vancouver porque es el lugar más “caliente” en el país, y es por eso que hay muchos de ellos en las calles. Hubo una esquina entre Chinatown y Gastown en particular en la que todos ellos estaban reunidos frente a un Totem, parecía su propio club social en la calle. Algunos de ellos no te veían. No sentías peligro pero no era una situación agradable para ver. Y luego, encontrar ese contraste, por que de un círculo de vagabundos, dos locales después unos restaurantes super nice y caros. No sé, se sintió extraño.

Dejamos a un lado esa imagen y nos adentramos a La Condesa de Vancouver, (Sí, si tengo que comparar un barrio defeño con éste sería la Condesa y la Roma). Con esa misma energía y sitios para comer y beber. Nos paramos a ver el reloj en el que una bola de turistas hacían fila para tomarse la foto. Nosotros pasamos de largo y nos metimos a una tienda. Yo compré una sudadera que dice Canadá (por que a este punto ya estoy coleccionando prendas así, y descubrí que las sudaderas son esenciales cuando el frío llega). Seguimos caminando un poco más y nos salimos de ese barrio con sabor a millenials.

Para este punto tanto Dasha como yo estabamos muriéndonos de hambre. Así que nos metimos a un restaurante japonés. Pedí un ramen que estaba buenísimo. El restaurantito era pequeño y los dueños eran de esos japoneses que se ven super lindos. Nos sirvieron un té y un plato enorme de ramen, el cual devoré. Ya con el estómago saciado seguimos nuestro camino al Waterfront (la estación de los Sea bus, los taxi botes) para cruzar a North Vancouver, donde nos encontraríamos con Katri, nuestra amiga finlandesa del intercambio, que también había ido para la boda. Tomamos el Sea Bus hasta allá y la encontramos sentada en un Starbucks. Aprovechamos para usar el baño de ahí y ya las tres fuimos a un Market Fair que había. Daban degustaciones de cerveza, mermelada y demás, también había una banda en vivo de música country y muchos food trucks. La visata del downtown Vancouver desde el muelle de North Vancouver era hermosa, y eso que estaba un poco nublada todavía por lo de los incendios que ocurrieron días antes cerca de ahí. Estuvimos un rato y después regresamos al Waterfront. El recorrido es de aproximadamente 13 minutos y es bastante lindo, pero no me agradaría tener que tomarlo todos los días, así puede ser cansado. Katri se despidió porque tenía una reservación en un restaurante japonés caro y nosotras nos quedamos en el Canada Place a un evento que había organizado la ciudad, un picnic con música irlandesa en vivo. No voy a decir que fue increíble porque no lo fue pero para pasar el rato estuvo bien. Nos quedamos para ver el atardecer ahí mientras veíamos a esta banda tocar, porque según escuché, el mejor atardecer de Vancouver se veía desde Canada Place. Ese día no lo aprecié tan bien por la neblina, pero aún con ella se veía bien. En mi mente estaba regresar a ese lugar cuando el cielo se aclarara. Cuando oscurecía regresamos a la casa para descansar y prepararnos para el siguiente día; la boda.

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Excelente relato mi amor, recordé los lugares que conocimos ya juntos….

  2. Pingback: 2017

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