Grouse Mountain

Hay dos maneras de subir al pico de Grouse Mountain; la fácil y la difícil. Yo elegí la última… porque también es la más barata.

Grouse Mountain es otro de los atractivos de Vancouver. Es, de hecho, la principal atracción de North Vancouver (aunque, honestamente, el restaurante coreano al que fui también debería de serlo).  Está algo retirado del centro de la ciudad pero nada estratosférico, unos 20 minutos aprox. Durante el verano habían unos shuttles (¡Gratis!) que te llevaban allí y te bajaban. Los cuales, por supuesto, nosotros usamos. Te recojen en el tan popular Canada Place y ahí empieza la aventura.

Yo iba preparada. Sabía que sufriría, mis amigos me lo advirtieron pero aún así debía de hacerlo. Subir o subir, no había más. Estaba confiada, ya había subido montañas, volcanes, ya había caminado por ciudades enteras y había alcanzado las nubes. Esto era sólo una marca más. No podía ser tan difícil. Ese día sería el día en el que alcanzaría la cima y me mezclaría entre los árboles. Igual me motivaba saber que hasta arriba había un puesto con mis tan adoradas Beaver Tails.  Así que, tenía que llegar, y el hecho de usar mis piernas para hacerlo me hacía sentir mejor ante la idea de que al final me comería mil calorías.

Bajamos y -como de costumbre- fui al baño. Ahora sí, lista para todo. Caminamos a la entrada. Los débiles -o ricos- se subían a su góndola que los llevaría sin sudar hasta el pico (precio total góndola ida y vuelta $40). Nosotros los pobres los deportistas, la subiríamos a pie y tomaríamos el tiempo de lo que tardáramos en hacerlo. Debíamos de hacerlo rápido para poder presumir después.

góndola grouse mountain

Punto de partida y allá vamos. Un, dos, un, dos… trataba de no hablar para no cansarme. Llevaba en mi espalda mi mochila de senderismo y en ella una botella de agua, mi cartera y mi cámara la cuál siempre que hago caminatas largas parece que pesa veinte kilos. Cinco minutos pasados y mi respiración estaba agitada. Diez minutos más y sentía que no habíamos recorrido nada. Mierda… tal vez subestimé esto, pensé. Pero, no… así siempre es esto, lo difícil llega antes sólo para que cuando llegue el resto lo sientas ligero. Quince minutos y paramos a descansar un poco y tomar algo de agua. Ahora sí, ya tenía el paso y mi amigo Daniel también… era hora de seguir. A partir de ahí todo se volvió más sencillo, por eso comenzamos a hablar más y pensar menos. La segunda parada fue en el primer cuarto de la montaña. Nos faltaban tres más. Lo lograríamos. La pregunta era ¿sería en menos de una hora?

Tomamos de nuevo un poco de agua y una foto para mandarla a los demás. Una foto de nosotros dos medio sudados gritando Fighting! a la cámara. Seguimos… y seguimos y seguimos. La conversación fluía y la pesadez se iba. Mis piernas se volvían más ágiles y sentía que podíamos lograr buen tiempo. Tercera parada en la mitad del camino. Beber agua, tomar más fotos sudados y seguir. Hacia arriba como dice la canción veracruzana. Arriba y arriba, por ti seré. Allá íbamos. Cuarta parada, la última. Agua. Fotos. Checar tiempo. Faltaban unos ocho minutos para la hora… ¿Podríamos lograrlo? Por supuesto que no. No lo logramos, pero no estuvo tan mal para ser la primera vez (y una de las recientes veces de mi amigo) en la que la subíamos. Una hora con nueve minutos. Merecíamos esa vista. Lo habíamos conseguido. No el tiempo pero si la llegada. ¡Logro!

time tiempo grouse mountain

Se veía bello, con árboles por todos lados, la ciudad y el mar al final. Otra foto. La del recuerdo con nuestro -no tan buen- tiempo. Y después, meternos al calor del restaurante.

vista

-Es tradición tomar una cerveza después de subir la Grouse Mountain a pie -dijo mi amigo.

-Pues si es tradición… -contesté.

Yo pagué por las cervezas, estaba demasiado agradecida con él por acompañarme y tenía muchas ganas de tomar cerveza hecha en Canadá viendo esa vista espectacular sabiendo el camino que habíamos acabado de hacer. Fue una de las mejores cervezas que tomé por eso mismo. Después era mi turno… mi nueva tradición cada que vaya a Vancouver y a la Grouse Mountain: cerveza y Beaver tail. Oh sí, no podía irme sin comer esa bomba de azúcar y grasa. Ahora, mi amigo invitó. Ambos disfrutamos de las calorías. Con eso nos fuimos. beaver tails grouse mountain

Para bajar se tiene que comprar el pase a la góndola. $10 canadienses. No está tan mal pensando en lo -ridículamente- caro que es Canadá (o por lo menos Vancouver). Góndola y shuttle de vuelta a Canada Place. Lo hicimos. Caminamos de vuelta al departamento de mi amigo. Allí nos esperaba JinHee, su esposa (y mi amiga también). Comimos esa tarde allí y por la noche vimos Captain Fantastic. Así que el día que subí la Grouse Mountain fue un buen día. Y la próxima vez que vaya volveremos a subirla y mejoraremos ese tiempo. Espero.

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